Cuando las universidades incorporan temas de cooperativismo y de mutualismo en sus contenidos académicos, es motivo de festejo para quienes transitamos el mundo de la Economía Social y Solidaria, ya que consideramos que los profesionales al egresar de sus claustros, podrán contar con más herramientas para asistir a nuestras entidades socio-productivas de manera más eficiente.
Desde un tiempo a esta parte quedó de manifiesto que muchos asesoramientos profesionales indujeron a entidades cooperativas y mutuales a cometer errores, producto del desconocimiento no sólo de la materia que los convoca, sino también de conceptos que posee el mundo cooperativo y mutual.
En este sentido considero que si bien el sumar contenidos a las curriculas es positivo, no es suficiente para evitar errores al abordar el tema cooperativo y mutual. Digo esto porque además de fríos contenidos técnicos sobre el tema se debe transmitir, también, la parte fundamental que origina tanto al cooperativismo como al mutualismo y que es su espíritu, fuente y razón de su existencia.
Hablar de cooperativismo y mutualismo sin considerar su espíritu y doctrina es como considerar a las personas ignorando sus emociones. En los tiempos que corren, no basta con enseñar ciencias exactas o jurídicas ignorando la esencia que lleva a las organizaciones sociales a ser lo que son, si no que se requiere hacerlo con una mirada mucho más humanizada, ya que este tipo de organizaciones tienen su motor y sustento de éxito esencialmente en el factor doctrinario y filosófico.
Es así que propongo e invito a continuar nuestro desafío, bregando y trabajando para que en las distintas carreras universitarias se incorpore en sus planes de estudio una materia que deje claramente establecido el objeto, y el fin social del cooperativismo y mutualismo como parte importante de una sociedad democrática, justa, solidaria.















