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El autocuidado y lo que aún está en nuestras manos

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Ana Victoria Zarate
Ana Victoria Zarate
Lic. y Profesora en Psicología (USAL) Actualmente se desarrolla en el ámbito educativo dentro de la inclusión escolar. Trabaja como terapeuta desde una mirada sistémica con orientación integral.

¿Cómo identificar el exceso de trabajo y agotamiento mental? En contextos sociales y culturales donde todos estamos corriendo detrás del éxito, de la autosuperación y las fechas límite, no es extraño sentir que estamos atravesando lo mismo que el resto de las personas que conocemos. Esto hace que sea muy difícil para una persona reconocer el punto justo antes de entrar en lo que llamamos “burnout”, un síndrome que desde el año 2000 es reconocido por la OMS como factor de riesgo laboral.

Lo que resulta grave y preocupante no es solamente la lista de sintomatología, que podemos detallar y en la que seguramente la mayoría de los lectores puedan encontrarse reflejados, sino el efecto de bucle interminable que a partir de este escenario se genera. El cansancio emocional y la fatiga crónica traen consigo dolencias psicológicas y malestares emocionales,  que resultan ser propensos a los diagnósticos de salud mental que casualmente también están siendo moneda corriente en los tiempos que corren.

Así como una persona requiere de determinados nutrientes, horas de sueño, actividad física y hábitos para estar dentro de lo que determinamos “saludable”, de la misma manera nuestro sistema psicológico (que incluye el cerebro, las redes neuronales y muchos otros componentes) necesita de ciertos factores ambientales para estar en una homeóstasis de bienestar que favorece nuestra calidad de vida. Poder responder de maneras adaptativas a los conflictos, estar conectados con lo que está sucediendo en la realidad, tener gestión emocional, generar pensamiento crítico y mantener tolerancia frente a la frustración, todas estas habilidades que suponen ser propias del ser humano se ven afectadas cuando nuestro organismo no puede procesar la información de la mejor manera posible.

Cuando nuestro sistema psicológico no cuenta con la corregulación que podemos darle, quedamos sujetos a los controles internos que el cuerpo activa bajo estados de amenaza y huida. Esta respuesta primitiva, tan necesaria para sobrevivir en la naturaleza, es utilizada hoy de manera ventajosa por un mercado que nos empuja a vivir en un estado de caza permanente, buscando el éxito como si nos fuera la vida en ello. Es por esto que el autocuidado no es un lujo: es el ejercicio de soberanía mediante el cual reclamamos el mando sobre nuestra propia biología, impidiendo que el mercado decida cuándo es momento de luchar y cuándo de descansar.

Se trata de encontrar nuestro cable a tierra, puede ser la meditación, el deporte, la respiración consciente, un libro que nos trae al aquí y ahora, unos minutos de silencio, compartir momentos con personas significativas para nuestra vida sin usar el celular, esto no se trata de recetas o fórmulas mágicas, sino de hacernos dueños de nuestro auto-cuidado antes que las exigencias sociales y del mercado nos arrebate la soberanía que nos queda.

Al protegernos de manera integral, estamos decidiendo qué parte de nuestra energía entregamos y a qué costo. Es, en última instancia, el ejercicio de nuestra libertad más profunda. Como decía Viktor Frankl: Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino’.

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