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Reflexiones sobre el emprendedorismo: ¿teoría o espíritu?

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Santiago Arella
Santiago Arella
Sociólogo especializado en comunicación, marketing y publicidad. Responsable de vinculación de Mundo Mutual, Economía Solidaria y de Interconexión CTL

Diversos factores influyen en la creación de nuevos negocios: acceso al financiamiento, habilidades personales, conocimientos adquiridos, relaciones sociales, y contextos políticos y económicos, entre otros. Frente a este panorama, el emprendedorismo se presenta como una disciplina que ofrece herramientas para organizar y planificar, siendo una guía valiosa tanto para quienes desean emprender como para quienes apoyan el éxito de emprendimientos.

Sin embargo, hay una realidad que merece ser considerada: la distancia entre la teoría y la práctica. En ocasiones, las teorías sociales, económicas o psicológicas colisionan con el deseo, el impulso creativo y el espíritu que son esenciales para emprender. Paradójicamente, esos deseos y aspiraciones personales son la razón de ser de muchas de esas teorías.

Dicho de forma directa: a veces la teoría, en lugar de liberar, frena. Puede atrapar el deseo en una red de dudas, que en el peor de los casos se convierten en miedos paralizantes. Estas reflexiones surgen de mi experiencia personal como emprendedor, o mejor dicho, como alguien que intenta construir su propio universo en el mundo. Pero creo que no estoy solo. Muchas personas seguramente han sentido el peso de estas limitaciones.

Esta tensión entre teoría y práctica plantea una pregunta interesante: ¿qué papel juega la formación académica en el éxito empresarial? Si observamos las biografías de grandes empresarios o las historias de los negocios más icónicos, rara vez encontramos referencias a la “ciencia del emprendimiento” como fundamento de sus logros. Lo que predomina son el deseo, la voluntad de trascender, la necesidad de cumplir un sueño o la crítica a un estado de cosas que se quiere transformar.

Como señala Gibbons en su artículo: “No todo el mundo está hecho para el espíritu empresarial”. El emprendedorismo, como disciplina, puede liberar el potencial de acción planificada, pero sin espíritu, deseo o sentido no hay emprendimiento posible. Es en ese primer impulso, en ese motor interno que mueve a las personas, donde realmente inicia el camino del emprendedor.

Así, la teoría tiene un lugar, pero no debe sofocar aquello que hace que una idea cobre vida. Por el contrario, debe nutrir y potenciar esa chispa que todo emprendedor lleva dentro.

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