Computadoras, monitores, teclados, celulares, impresoras, pequeños electrodomésticos y cables forman parte de una corriente de residuos que crece al ritmo de la vida digital. Son los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, conocidos como RAEE, y representan uno de los desafíos ambientales más urgentes de las ciudades.
Según datos difundidos por la Universidad Nacional de La Plata a partir del Global E-Waste Monitor 2024, en Argentina se estimó para 2022 una generación de 517.000 toneladas de RAEE, con una tasa de entre 10 y 15 kilos por habitante. Sólo una pequeña parte recibe una gestión adecuada.
Frente a ese problema, la Cooperativa Reciclando Trabajo y Dignidad se consolidó como una experiencia relevante en la Ciudad de Buenos Aires. La entidad trabaja en la recuperación, reparación, clasificación y tratamiento de aparatos eléctricos y electrónicos, articulando su tarea con instituciones públicas, universidades y programas de educación ambiental.
Del residuo al insumo
La importancia de gestionar correctamente los RAEE no se limita al volumen que ocupan. Muchos dispositivos contienen metales pesados, componentes contaminantes y sustancias que requieren tratamiento específico. Cuando terminan mezclados con residuos comunes o en circuitos informales, pueden generar impactos ambientales y sanitarios.
Pero también contienen materiales recuperables. Por eso, una gestión adecuada permite reducir riesgos de contaminación, recuperar insumos y generar puestos de trabajo.
La Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires destaca que la correcta disposición de los RAEE permite reinsertar materiales en la industria y generar empleo. En sus campañas de recolección participa junto con la Cooperativa Reciclando Trabajo y Dignidad, identificada por la FAUBA como la única cooperativa dentro de CABA autorizada para el tratamiento de este tipo de residuos.
Universidad, comunidad y cooperativismo
La articulación con FAUBA muestra cómo puede funcionar un circuito institucional de recuperación. Durante el primer semestre de 2026, la Facultad realizó tres instancias de recolección de RAEE junto con la cooperativa.
La primera colecta se realizó el 30 de abril en el campus de Agronomía, con participación de 41 personas y un total de 296 unidades recolectadas. Luego hubo una segunda actividad en el marco de la Feria del Productor al Consumidor, donde se recibieron 32 unidades. Finalmente, el 22 de junio se concretó un retiro de aparatos provenientes de distintas áreas de la Facultad y de residuos domiciliarios acercados por la comunidad.
Estas acciones tienen un doble valor. Por un lado, evitan que residuos complejos terminen en basurales o rellenos sin tratamiento. Por otro, fortalecen un circuito de trabajo cooperativo especializado, con capacidades técnicas para recuperar materiales y dar tratamiento adecuado a componentes que no pueden ser descartados como basura común.
Una agenda pendiente
La experiencia de Reciclando Trabajo y Dignidad también permite abrir una discusión de política pública. Argentina genera un volumen muy importante de residuos electrónicos, pero todavía enfrenta problemas de recolección, trazabilidad, infraestructura, regulación y formalización de los circuitos de tratamiento.
Las cooperativas pueden cumplir un papel central en ese esquema. No sólo por su capacidad para recuperar materiales, sino también porque vinculan gestión ambiental con inclusión laboral, educación comunitaria y economía circular.
En tiempos en que la tecnología se renueva cada vez más rápido, el desafío no es únicamente consumir dispositivos más eficientes. También es construir un sistema capaz de hacerse cargo de lo que ocurre cuando esos aparatos dejan de funcionar.
La Cooperativa Reciclando Trabajo y Dignidad demuestra que una parte de esa respuesta puede construirse desde el trabajo asociado.














