Bienvenidas las reflexiones contemporáneas sobre los últimos hechos de relevancia mundial. Así en este momento a raíz del fallecimiento del Papa Francisco. Claro que pensamos que son mejores los respetos y reconocimientos en vida o sea a los seres vivos y no acudir al consabido sentimiento sobre “que todo muerto es bueno”.
Pero aprovechando la circunstancia es que nos animamos a recalcar que lo que se reconoce en estos momentos es -principalmente- la actitud de servicio.
Reclamamos desde este espacio, en reiteradas oportunidades la necesidad que tienen todos los habitantes del globo, de entender que se vive en sociedad y no en soledad. Estos vientos contemporáneos que estimulan el accionar pro individual, el sentimiento egocéntrico, la búsqueda del confort personal, el logro propio antes que el colectivo, no son beneficiosos universalmente.
La vida dedicada a servir no es excluyente de la satisfacción personal. La actitud de ayuda y pensamiento en el otro -en forma regular, permanente- muestra una cualidad expansiva (enriquecedora) del propio yo. Una militancia a ser escalera… para otros a ser puente. El ejercicio de brindarse más que autosatisfacerse, permite e impulsa, además, un crecimiento personal con visión de trascendencia. Vemos, sentimos y hacemos más allá de nuestro propio ser. Pergeñamos un presente y futuro común de una humanidad en armonía. No es difícil, pero es una ejercitación -personal, familiar y social- que se inicia matinalmente y finaliza con el retorno al reposo nocturno.
¿Qué puedo hacer por el otro?¿Que haré hoy por mi comunidad? Eso que veo mal, ¿es posible que yo o nosotros podamos arreglarlo, aquí y ahora? Esto no es incompatible con acceder a nuestra cotidiana vida y supervivencia normal.
Y se puede hacer así. No es necesario el hábito sacerdotal. Cada persona, en tanto se sienta responsable y participe de vivir y conservar una unión cósmica, puede y debe hacerlo. Tampoco es necesario la creación de un ambiente de sensibilidad -esporádicamente generada por los medios sobre la muerte- para que resurja, en ocasiones esta sensación.
Ojalá que lo que se presentó en la semana del 21 de abril regenere el necesario sentimiento y acción solidaria con efecto permanente. Que las expresiones no sean soplos fugases que se revivan, paradójicamente, cada muerte de obispo.















