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El mutualismo y la educación mutual

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Horacio Federico Domínico
Horacio Federico Domínico
Licenciado en cooperativismo por la Universidad del Museo Social Argentino; Profesor en ciencias sociales por el Instituto Superior del Profesorado “San Agustín” y postgrado en Gestión de las instituciones educativas por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales – Sede Académica de Argentina. Ex funcionario del INAC y dos veces presidente del CGCyM.

(Ilustración: Matías Roffé)

Una característica de nuestro tiempo es la velocidad, sin paralelo, del desarrollo científico y tecnológico. La ciencia y la técnica aplicadas a los procesos productivos y de servicios están originando una revolución de igual o mayor trascendencia social y cultural que la provocada por la incorporación de la máquina de vapor en los establecimientos industriales del siglo XIX.

Tal situación hace necesaria la adecuación tanto de los métodos de enseñanza como de las formas de aprendizaje.

La transmisión audiovisual directa por satélite es tan común como la computadora. Los profesores pueden ser vistos y oídos sin presencia física por alumnos que están juntos en el aula o separados cada uno en su casa. Los profesores, de igual modo, pueden ver y oír a sus alumnos.

Y esto no es el futuro. Todas las herramientas mediáticas están ahí para ser utilizadas, como lo hacen ya muchas escuelas de países centrales.

La revolución tecnológica penetra en el sistema educativo como nunca había sucedido desde la última innovación de importancia para el aprendizaje: el libro impreso.

P. Duker enLa sociedad poscapitalista destaca que el cambio producido por la invención de la imprenta puede aleccionarnos a que abrazar la nueva tecnología del aprendizaje y la enseñanza será un prerrequisito del progreso nacional y cultural”.

Lo importante, no obstante, es replantear los contenidos, enfoques, propósitos y valores de la enseñanza. El auténtico desafío, entonces, resume el uso de la ciencia y la técnica para desarrollar en el educando sus verdaderas posibilidades de ser humano.

El autor mencionado define de manera esquemática las pautas a tener en cuenta para responder eficientemente a las realidades de la sociedad poscapitalista, la “sociedad del saber”. Entre ellas, interesa destacar las siguientes:

a) abandonar el monopolio escolar para que la educación impregne a la sociedad entera;

b) las organizaciones de todo tipo tienen que convertirse en instituciones donde se aprende y se enseña;

c) las escuelas tienen que trabajar cada vez más en asociación con organizaciones económicas y sociales”.

Hay en esa pauta toda una idea aperturista de la educación que se contrapone a la concepción tradicional de la escuela. Bien lo expresa Tonucci en Con ojos de maestro”: “La escuela con el modelo tradicional en líneas generales no acepta la confrontación con el medio externo, por lo tanto se mantiene real y metafóricamente como una escuela de puertas cerradas”.

Así el importante aporte de Lemus al caracterizar la escuela del futuro: “Esta es la razón de la nueva organización del contenido educativo, en proyectos, unidades, problemas y actividades… El niño deberá aprender más que las cosas mismas a hacer algo con las cosas; más que los números, a hacer algo con ellos; más que las lecciones de los libros y de los maestros, a hacer uso de esos conocimientos y aplicarlos a situaciones prácticas sacando ventaja de ello para la solución de las situaciones problemáticas que se les presenten”.

En tal sentido, vale recurrir a Juan Pablo II que, en su Centesimus Annus, sobre la importancia del hombre y su comportamiento en la economía dice: ”Si en otros tiempos el factor decisivo de la producción era la tierra y luego lo fue el capital, entendido como conjunto masivo de maquinaria y de bienes instrumentales, hoy día el factor decisivo es cada vez más el hombre mismo, es decir su capacidad de conocimiento que se pone de manifiesto mediante el saber científico, y su capacidad de organización solidaria, así como de instruir y satisfacer las necesidades de los demás”.

Por ello, para que la escuela de este siglo cumpla las expectativas que aquí fueron planteadas, es preciso que el sistema educativo tenga como objetivo esencial formar para la organización y la acción solidaria como modelo de desarrollo social, lo que demanda un importante cambio pedagógico que excede las meras reformas de estructuras, niveles y programas.

Y en este contexto, la educación mutual, que tiene como propósito abonar y fortalecer el aprendizaje del hombre en valores y principios esenciales para la vida y el desarrollo armónico de la sociedad, se encuentra en inmejorables condiciones para asumir, en lo pertinente, tal compromiso educativo en tanto el sector de esas empresas sociales de servicios al cual destina los recursos humanos que forma, configura, al mismo tiempo, un destacado creador de empleos y un dinamizador importante de la economía popular.

Así lo ha reconocido el propio Estado Nacional al dictar el Decreto nº 1.171/2003 que declaró de alto interés la enseñanza teórica práctica, en los establecimientos educativos oficiales y privados, de los principios del cooperativismo y del mutualismo.

Y la ley 26.206, que receptó en su artículo 90º la propuesta unificada del sector de la economía solidaria, surgida de la convocatoria que, en función del debate popular promovido por el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, realizara el Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo (CGCyM) para incluir la enseñanza del cooperativismo y mutualismo en la Ley de Educación Nacional.

No obstante esa normativa y la obligación que ella impone al Ministerio del ramo, sigue pendiente la implementación formal de los principios y valores del mutualismo y cooperativismo en los procesos de enseñanza-aprendizaje y la capacitación docente correspondiente, ímproba tarea que, como sostiene el Prof. Jorge Rusín, deberá contar con el apoyo de las mutuales y cooperativas y sus federaciones y confederaciones, pues son estas organizaciones las que cuentan con el bagaje de experiencia y sabiduría que aseguren el éxito en su realización.

Sin embargo, pasar de una sociedad competitiva a una sociedad fundada en la solidaridad y cooperación, según sostiene Ricardo Petrella (“El bien común”) “no se hará de un día para otro”, pero desde Lao-Tsé todos sabemos que el camino, por más largo que sea, siempre empieza con un paso”; paso en pos de ese hombre que, como afirma acertadamente el Lic. Blas Castelli, “debe entender y practicar el bien común teniendo en el mutualismo su escuela y modelo.”

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