La suba de la morosidad y el endeudamiento en los hogares argentinos obligó a poner bajo la lupa al mercado del crédito de consumo, buscando entre los responsables a los bancos, fintech, mutuales y cooperativas.
Si analizamos los últimos informes del Centro CEPA, encontramos que la morosidad argentina se divide en dos realidades opuestas: mientras los solteros jóvenes son los que caen más rápido en el impago, las parejas estables y matrimonios concentran el mayor volumen de la deuda. Del 71,9% de las familias argentinas que están endeudadas, más de la mitad concentra sus deudas en la compra de alimentos, medicamentos y cubrir el pago de servicios públicos.
Es muy simple poner responsabilidades entre los operadores del sistema financiero y las organizaciones de la economía social, cuando la causa estructural y principal de la morosidad récord en la Argentina es la caída del ingreso disponible frente a un costo de vida que no da tregua.
Frente a esta crisis, varios gobiernos provinciales decidieron intervenir rápidamente, suspendiendo los códigos de descuento, disminuyendo cupos de afectación, implementando planes oficiales para refinanciar y unificar deudas, y fijando tasas máximas de interés, como una manera de aliviar los bolsillos de los trabajadores. También, desde el ámbito nacional, distintos sectores políticos y legisladores aceleraron el debate sobre alternativas de solución, con más de 50 proyectos presentados para rescatar a las familias atrapadas en la mora y fijar nuevas reglas de juego, que mejoren las condiciones de acceso al financiamiento, destrabando en la Cámara de Diputados el tratamiento de un paquete de leyes y fijando para el dia 29 de septiembre el plazo obligatorio para que las comisiones firmen el dictamen definitivo.
Se deberían mirar también iniciativas como el de la provincia de Mendoza, que impulsa la ley de alivio financiero, que entre otras medidas propone bajar la carga impositiva, eliminando sellos y una alícuota diferencial de Ingresos Brutos
En los consumos de tarjeta de crédito, hace tiempo que se financian las compras de alimentos. Detrás de este fenómeno se esconde un cambio drástico en los hábitos de consumo. Según relevamientos del sector privado, apenas el 36% de los argentinos logra pagar el total de su resumen de la tarjeta de crédito. El plástico dejó de ser, para una gran mayoría, una herramienta para adquirir bienes durables o financiar viajes, transformándose en un recurso de pura subsistencia. Hoy en día, más del 50% del endeudamiento con tarjetas se destina a la compra de alimentos y productos básicos de primera necesidad. Con salarios que corren por detrás de los costos fijos, el financiamiento en cuotas o el pago mínimo se convirtieron en la única alternativa para tirar hasta fin de mes.
El boom de las billeteras virtuales trajo sus consecuencias. Los informes del Centro de Economía Política Argentina revelan que la morosidad en las plataformas fintech y billeteras virtuales se disparó por encima del 33%, una cifra que triplica el promedio de irregularidad de la banca tradicional, que promedia el 13%. La situación es grave, con casi 6 millones de personas con deudas morosas en todo el país.
Como describe el Dr. Diego Petitto en la presentación que realizó como presidente de ASOPROFI ante el BCRA, “EL DESAFÍO ES COMBATIR EL SOBREENDEUDAMIENTO SIN DESTRUIR EL CRÉDITO”, es necesario abordar esta problemática, dado que el aumento de la mora, la acumulación de obligaciones en cabeza de un mismo consumidor y las dificultades que atraviesan muchas familias para atender regularmente sus compromisos financieros requieren respuestas, pero para encontrar soluciones adecuadas resulta indispensable formular correctamente el problema. El problema no es la existencia del crédito. El problema es el sobreendeudamiento. Confundir ambos conceptos puede conducir a decisiones que, aun persiguiendo finalidades legítimas de protección, terminen restringiendo el acceso al financiamiento formal de las mismas personas que se pretende proteger.
El crédito cumple una función económica y social y es una de las herramientas fundamentales de cualquier economía moderna. En este sentido, permite que una persona pueda adquirir hoy un bien que utilizará durante años y pagarlo progresivamente con sus ingresos futuros, y permite, además, afrontar una contingencia sin disponer inmediatamente de todos los recursos necesarios. Facilita el acceso a bienes durables, educación, vivienda, movilidad y servicios y, en el ámbito productivo, permite financiar capital de trabajo e inversiones.
La crisis económica arrastró los esfuerzos de la inclusión financiera, dado que el impacto dio de lleno en los más vulnerables. Refiriéndonos al sobreendeudamiento como un escape poco posible ante este escenario, no podemos dejar de mencionar que mucho se habló, pero nunca se implementaron planes de capacitación financiera, tampoco se promovió la alfabetización digital, para que las personas tengan acceso a la información y se beneficien de la economía y la sociedad digital.
La deuda de las familias en Argentina ronda entre el 5,7% y el 6,7% del Producto Interno Bruto (PIB). En Latinoamérica, los porcentajes son notablemente mayores: en países como Chile, supera el 37% o el 43% del PIB; en Brasil, alcanza cerca del 35%; y en Colombia, ronda el 29%. En países desarrollados, como los Estados Unidos, la deuda familiar representa más del 60% del PIB. En el caso de Argentina, la combinación de factores macroeconómicos, la caída del salario real y las dinámicas comerciales fueron en contra del principal motor de un crédito sano, que es una economía previsible y sostenible, que recién ahora se está logrando con el esfuerzo de todos.
Para abordar este problema hay que trabajar en conjunto; es necesario dejar atrás la confrontación y sentarse en la misma mesa los actores clave, que son el Estado nacional y provincial, las entidades financieras, las organizaciones de la economía social y los propios consumidores. Cuando el objetivo común es sanear la economía y reactivar el crédito de forma saludable, cada eslabón de la cadena puede aportar su experiencia y capacidad.















