Si bien esta nota versa sobre el consumo como actividad económica, vamos a iniciar hablando de producción. Y lo haremos dando por supuesto que sin ahorro no hay producción, y sin plan económico tampoco.
¿Qué producir?
Para que el consumo tenga consecuencias positivas en los habitantes, la producción debe tener en cuenta las siguientes cuestiones:
- Debe venir de productores que respeten las necesidades existentes. Generen respuestas reales y no motiven al consumismo.
- Es conveniente que los insumos provengan de mercados sanos. Así lo sugiere el Comercio Justo (Fair Trade), que es un sistema comercial basado en la justicia social, el cuidado de la naturaleza (consecuencias medioambientales) y la calidad del producto.
- Añadamos a esto la necesidad, para el caso de los alimentos, de producir alimentos saludables y sustentables[1]. En tal sentido, el Dr. Carlos Iannizzotto, presidente de la Confederación Intercooperativa Agropecuaria Limitada (CONINAGRO), aseveró que: “el consenso social existe, … para mejorar los hábitos alimenticios y volcarse a sistemas de producción y consumo de alimentos saludables y sustentables“.
- Está siempre la inquietud de optimizar utilidades… pero no debería ni ser la única ni la primera de las inquietudes. La producción debe responder a la lógica de que primero está la satisfacción de la persona y luego la ganancia.
En el caso de los alimentos, la sociedad determina qué producir. Podría hacerlo a través de Ligas o asociaciones de consumidores. A su vez, CONINAGRO muestra la posibilidad de que se ejerza una “vigilancia social” a pequeños niveles… Las uniones vecinales, las ligas de fomento podrían ser facilitadores.
Estos ejemplos hipotéticos muestran cómo la Economía Social tiene mucho para decir sobre producción y consumo. Se puede sumar el ámbito educativo universitario, como las Facultades vinculadas a la empresa, la salud, la educación, cuestiones ambientales, etc.
Hoy parece inapropiado cuestionar el consumo cuando este acto económico es obstaculizado por la alta inflación, los ingresos familiares escasos o las limitaciones regulatorias. Estos tres factores frenan la posibilidad de consumir.
Al interior de la clase media argentina, es común escuchar expresiones como las siguientes: “daría cualquier cosa por tener (tal cosa)”; “me gustaría tener más plata para darme todos los gustos”. Estos dichos van acompañados de la complacencia de muchos que opinan que “si tiene plata y se la ganó, que haga lo que quiera”. Sin freno.
Nosotros podemos preguntar: ¿se es feliz consumiendo lo que sea, en cualquier medida? Si la respuesta es positiva, esperemos que nunca falte algo, o que no se dé cuenta de cuánto es lo que falta. Si compara, se ahogará en la envidia. Esta posición radica en los planteos materialistas de la libertad absoluta y sus consecuencias. Parafraseando a G. K. Chesterton, “Tener derecho a hacer una cosa no es para nada lo mismo que estar en lo cierto al hacerlo“.
¿Es posible consumir de manera ética?
El consumo ético forma parte del desarrollo del carácter del individuo. Por lo tanto, somos lo que consumimos, también en el sentido moral.[2] Si hay “desmadre” en el consumo, la solución no es fácil.
Por esto se requiere:
- Cambios en los estilos de vida. Pasemos del consumismo al consumo responsable y razonable. Evitemos la pasión con hincapié en la austeridad.
- Involucramiento entre vendedores y compradores; promoviendo acciones sinérgicas reciprocas. Dejar de lado solamente el ganar. Rinde más “ganar-ganar”. Entender que, el comprador puede ser un socio permanente y no perecedero. La clásica “reciprocidad de los cambios” es apropiada.
- Si va a comprar, tenga en cuenta las temporadas; indicativas de variaciones de precios. Igualmente, la conveniencia de compras en cantidades. Asimismo, controlar las fechas de vencimiento.
- Vigencia de la justicia distributiva intra familiar. La equidad en la distribución de bienes o servicios para cada integrante familiar es indefectible.
- Evite la influencia de la moda, marcas, etc. Los precios altos son su consecuencia.
- Es imprescindible la enseñanza personal verbal y ejemplar de los docentes ante los niños y jóvenes.
- Proponemos límites y regulaciones que partan del mismo individuo o de entidades que favorecen -desde lo privado- la dignidad de los protagonistas. No del Estado.
Un consumo ecológico
Proponemos la reducción, reutilización y reciclamiento de distintos productos. Seguramente podrá no ser simpática la propuesta, pero es adecuada para ordenar la desbordada economía materialista.
Creemos procedente la frase: “A cada época la salva un pequeño puñado de hombres que tienen el coraje de ser inactuales”. [3]
[1] CONINAGRO. Informe especial en la 70° Asamblea General Ordinaria.
[2] CARLOS RODRÍGUEZ LLUESMA Y PABLO GARCÍA RUIZ. Handbook of Virtue Ethics in Business Management.
[3] G.K. Chesterton
Ilustración Matías Roffe















