Reflexiones sobre los instituido y lo instituyente
Definiciones del influyente Filósofo y Economista greco-francés del siglo pasado, Cornelius Castoriadis (1922/1997) nos ayudan a reflexionar en estos tiempos de cambio permanente. Más allá de su pensamiento político, es importante focalizarnos en su trabajo sobre el comportamiento y las capacidades humanas, en definitiva, la capacidad de la sociedad en entender, asimilar la novedad y la movilidad.
En su libro La Institución Imaginaria de la Sociedad, Castoriadis menciona que los procesos de una organización que aparecen en la superficie responden a lo que está sucediendo por debajo, y en este punto surgen el grupo de los instituidos y el grupo de los instituyentes. Naturalmente, un grupo quiere derrotar al otro, y este enfrentamiento produce la fuerza de la organización. Sin choque entre ambas fuerzas no hay energía y la organización se muere. Para hacer memoria, lo instituido es lo que está en la organización y se quiere cuidar y conservar; lo instituyente, es el cambio, lo nuevo, la evolución.
Ambas fuerzas son necesarias. Lo peor que le puede pasar a una organización son los empates permanentes entre el grupo de los instituidos y los instituyentes, dado que la organización no avanza y una derrota definitivamente de una contra la otra podría destruirla. Hay valores y principios que hay que conservar y proteger, pero también hay cambios que se deben realizar, para adaptar a las organizaciones a los nuevos desafíos.
Toda organización debería pasar por un circulo virtuoso; un triunfo transitorio del instituyente sobre el instituido pasa a ser un nuevo instituido y, de este modo, se generaran nuevos instituyentes, lo que produce una organización en movimiento, en crecimiento, disruptiva e innovadora.
Estamos transitando una nueva revolución tecnológica. Esto genera cambios en las modelos de trabajo, relacionamientos, etc., donde estas resistencias internas se potencian más que en otras ocasiones y debemos aprender y aprovechar estos movimientos. No matemos la capacidad humana de la fantasía y la imaginación. La transformación es un valor diferencial, y no siempre lo real es racional.
Me gustaría cerrar esta nota con una frase que encontré en el libro de Paulo Coelho, el Peregrino de Compostela: “todos los días, siempre vemos el mejor camino para seguir, pero solo andamos por el camino al que ya estamos acostumbrados”.















