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ODS 8, 9 y 12: Trabajo, producción y consumo sostenible

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Felipe Rodolfo Arella
Felipe Rodolfo Arella
Lic. en Cooperativismo y Mutualismo (UMSA). Magíster en Animación Sociocultural (Universidad de Sevilla). Ex-Presidente del CGCyM. Periodista, docente e investigador especializado en Economía Social y Solidaria, Género y Desarrollo Local.

Las organizaciones de la economía solidaria están en condiciones de contribuir muy eficazmente a que en sus respectivas regiones se puedan alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) propuestos por las Naciones Unidas.

El objetivo 8 está orientado hacia el trabajo decente y el crecimiento económico. Estas metas coinciden perfectamente con los enunciados doctrinarios del mutualismo y el cooperativismo, postulando una mejor conducta de los hombres dentro y fuera de sus propias entidades en vista de preservar y elevar la persona humana a través de la educación y capacitación permanente.

Las mejoras que mutuales y cooperativas logren dentro de sus grupos de asociados en sus relaciones recíprocas como en el respeto de las normativas internas harán que estos sean mejores ciudadanos, trabajadores y consumidores libres y conscientes.

Creo que frecuentemente nos olvidamos de que todo aprendizaje comienza en el hogar de cada uno y que lo que allí se aprende nos queda grabado para siempre. El respeto a las formalidades familiares, el cumplimiento de obligaciones, la responsabilidad, la libertad, el concepto de justicia, como los hábitos de orden, de limpieza, de alimentación, se aprenden en la casa y se proyectan luego en la sociedad cuando vamos a trabajar, a estudiar, a divertirnos.

Ocurre lo mismo en cooperativas y mutuales con sus asociados. Si estas entidades son desordenadas, injustas, arbitrarias en la prestación de servicios, no incorporan nuevas tecnologías o limitan la libertad de sus miembros a expresarse en las asambleas, o no tienen programas de educación y capacitación, influenciarán negativamente a los asociados y empleados.

Los ciudadanos mal formados no sabrán qué es el trabajo decente, porque ante la necesidad de trabajar para comer y vestirse, aceptarán hasta el trabajo esclavo. Y los trabajadores que no alcancen a comprender que el crecimiento económico por sí mismo no mejorará su condición de vida, seguirán generando bienes y servicios no siempre utilizados.

En este punto llegamos al abordaje del objetivo 9: industria, innovación e infraestructura. Cabe aquí hacerse algunas preguntas: ¿qué industrias son factibles en nuestra región?, ¿hay personas capacitadas para ocupar los puestos de trabajo o debemos traer operarios de otras zonas?, ¿qué infraestructura tenemos ahora y cuál es la que necesitaremos construir?, ¿en qué deberían innovar las industria ya existentes?

No cabe duda de que aquí se necesitará el concurso del sistema educativo, del municipio y de las entidades financieras, entre las cuales podría actuar el mutualismo y las cooperativas de créditos.

Por último, el objetivo 12: producción y consumo responsable. Este podrá lograrse como resultado de una permanente campaña educativa acerca de las prácticas de los consumidores tendientes al cambio de sus hábitos de compras. Sin consumo no hay producción, pero el consumismo, alentado por las mismas empresas fabricantes contribuye a la generación de desechos y la consecuente contaminación ambiental. Este es, sin lugar a dudas, un gran dilema: si consumimos menos, se produce menos; si se produce menos habrá menos empleo y más desocupados; los desocupados no tendrán dinero para comprar los bienes que hagan a su subsistencia; habrá más pobreza y hambre, y menos salud. 

El desarrollo como bien común

El objetivo del bien común es la riqueza común, a saber, el conjunto de principios, reglas, instituciones y medios que permiten promover y garantizar la existencia de todos los miembros de una comunidad humana. En el plano inmaterial, uno de los elementos del bien común es el típico reconocimiento-respeto-tolerancia en las relaciones con el otro. En el plano material, el bien común se estructura en torno al derecho de todos a un acceso justo a la alimentación, la vivienda, la energía, la educación, la salud, el transporte, la información, la democracia y la expresión artística.Ricardo Petrella: El bien común- “Elogio de la solidaridad”

Ilustrador: Matías Roffé

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