La identificación y correcta formulación del problema son claves a la hora de encarar correctamente nuestros proyectos institucionales. A continuación, algunos consejos a tener en cuenta.
¿Por qué decimos problema?
Porque es el modo en que representamos una necesidad, una dificultad, algo que queremos resolver. Ir al cine es placentero, pero para para concretar el hecho tenemos que planificar la salida, por lo tanto estamos obligados, para cumplir con nuestro propósito, a “proyectar”.
El problema (o situación, si se prefiere), tiene que ser, antes que nada, identificado. Tres preguntas que mencionamos en la Ficha N° 1 nos facilitan este proceso:
- ¿Cuál es el problema?
- ¿Dónde se origina?
- ¿A quiénes y cómo afecta?
Esto nos lleva a la focalización del problema:
Planteamiento y formulación de problemas
El planteo es una idea que surge de los datos de la realidad, objetivos y verificables. Lo primero es efectuar una detallada observación de la realidad y recopilar la mayor cantidad posible de antecedentes.
La formulación es el punto de partida de todo proyecto. La identificación precisa del problema central es esencial para que el enfoque sea el correcto. Una desviación en este estadio puede implicar pérdida de esfuerzos, de tiempo; el reconocimiento tardío de errores puede conducir al desánimo y abandono de la intención inicial.
El siguiente es un ejemplo de formulación inadecuado / adecuado:


















