La formación de una nueva clase social
Sin darnos cuenta, porque no nos duele ni nos altera los nervios, vamos incorporando mensajes que van modificando nuestra forma de actuar en familia, de pensar, trabajar o divertirnos y, de pronto, puede ser que una palabra, un hecho, nos haga reaccionar y ver las cosas que vivimos de una manera crítica, no complaciente.
Desde hace décadas economistas, sociólogos, comunicadores y muchos otros profesionales y dirigentes sociales nos vienen señalando que el mundo conformado por la sociedad humana está cambiando y que debemos estar preparados para afrontar nuevas circunstancias, cosa que no nos resulta fácil porque los problemas que están viviendo otros no son los que vivimos nosotros.
Sin embargo, conviene estar atentos, actuar precavidamente y no enamorarse de todo lo nuevo que está en el mercado como, por ejemplo, el trabajo a distancia, el estudio a distancia y el amor por zoom que se está promoviendo en los últimos meses por el pandémico distanciamiento social.
Un economista inglés, Guy Standing publicó, en 2013, El precariado. Una nueva clase social, en el que analiza la razón de ser de los nuevos movimientos sociales que fueron manifestándose en diversos países desarrollados y subdesarrollados como resultado, según él, de la globalización económica y del capitalismo rentístico.
El precariado está perfilándose como una nueva clase social cuyos miembros aún no son perfectamente identificables, porque no son ni los antiguos esclavos y siervos, ni los proletarios de las fábricas ni los subempleados de ahora, como tampoco los profesionales asalariados. En el precariado están todos los que tienen inseguridad laboral, los que ven disminuidos sus derechos laborales y sanitarios, los emprendedores independientes, los inmigrantes que venden baratijas, los que no pueden aspirar a su vivienda propia, los jubilados y los trabajadores cibernéticos y los niños y jóvenes que no alcanzan una educación formal completa.
Los trabajadores precarizados se encuentran en una situación peor que los antiguos proletarios
Los trabajadores precarizados se encuentran en una situación peor que los antiguos proletarios porque éstos trabajaban en empresas y, aunque explotados, tenían contactos entre sí, momentos de conversación y análisis de su estado laboral y podían organizarse, la mayoría de las veces clandestinamente, en sindicatos u otras organizaciones para corregir su situación, algo que no ocurre con los que salen a las calles convocados por las redes sociales.
El movimiento cooperativo y mutual es el más propicio sector económico para trazar líneas de acción destinadas a disminuir el precariado
Se está acentuando el trabajo no decente, en contraposición con el trabajo decente postulado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y es recomendable que desde distintos sectores comiencen a esbozarse soluciones a este problema, que, lamentablemente, aqueja a los jóvenes que ven opacada cualquier mejora futura de su situación, cuando son cada vez más los que no tienen idea de que pueden tener un futuro mejor. Cabe recordar que el Objetivo 8 de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas y la OIT es el de lograr Trabajo decente y crecimiento económico. El movimiento cooperativo y mutual es el más propicio sector económico para trazar líneas de acción destinadas a disminuir el precariado, principalmente el cooperativismo de trabajo en sus diversas ramas, en especial la de construcción de obras civiles y públicas porque, siendo un protagonista vigoroso de lo que reconocemos como economía solidaria, tiene que estar alejado de las prácticas capitalistas del trabajo no decente ya que cada uno de los miembros de la cooperativa es dueño de la empresa y está en él defender el interés y la seguridad del colectivo. Aún más: las cooperativas de otros rubros como también las mutuales de diversas actividades deberían estar atentas para no precarizar los servicios a sus asociados ni el trabajo de sus empleados como tampoco la atención de sus clientes valorando a todos como personas humanas que merecen un servicio decente.
| El trabajo decente En 1999, Juan Somavia -primer director general de la OIT proveniente del hemisferio sur- presentó su memoria “Trabajo decente”. En ella introduce el mencionado concepto, caracterizado por cuatro objetivos estratégicos: los derechos en el trabajo, las oportunidades de empleo, la protección social y el diálogo social. Cada uno de ellos cumple, además, una función en el logro de metas más amplias como la inclusión social, la erradicación de la pobreza, el fortalecimiento de la democracia, el desarrollo integral y la realización personal. Fuente: OIT inicio/Regiones y países/OIT en América Latina y el Caribe /Sala de prensa / ¿Qué es el trabajo decente? |















