“Decadencia”, la palabra que nadie dice

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Felipe Rodolfo Arella
Felipe Rodolfo Arella
Lic. en Cooperativismo y Mutualismo (UMSA). Magíster en Animación Sociocultural (Universidad de Sevilla). Ex-Presidente del CGCyM. Periodista, docente e investigador especializado en Economía Social y Solidaria, Género y Desarrollo Local.

Temas transversales

 “Basta un profesor -uno sólo- para salvarnos de nosotros mismos y hacernos olvidar a todos los demás”.

Daniel Pennac

Decadencia: Acción y efecto de decaer (ir a menos).

Sinónimo: decaimiento, declive, ocaso, caída1, descenso, retroceso, degeneración, disminución, deterioro, debilitación.

Antónimo: auge, apogeo, esplendor.

Decaer: Dicho de una persona o de una cosa: Ir a menos, perder alguna parte de las condiciones o propiedades que constituían su fuerza, bondad, importancia o valor.

Sinónimo: declinar, desmedrar, menguar, flaquear, decrecer, debilitarse, disminuir, apulismarse.

Antónimo: fortalecerse, reforzarse, robustecerse.

A principios del corriente año en este medio me publicaron una nota titulada “El proceso educativo penetra y condiciona toda la sociedad” en la cual analizaba la situación de la educación en nuestro país, tomando como referencia un estudio realizado por Alzú, M.S, Nistal, M. y Volman, V. (2025). Índice de Resultados Escolares: ¿Cuántos estudiantes llegan al final de la secundaria en tiempo y forma?, pertenecientes a Argentinos por la Educación. En él se daba cuenta de la caída que se estaba produciendo en el rendimiento de nuestros escolares y un leve repunte observado en Lengua.

Ahora, nueve meses después, se conoce la evaluación realizada recientemente por la Prueba PISA donde se observa que la mitad de los estudiantes argentinos de 15 años quedaron por debajo del nivel básico en Matemática, Lectura y Ciencias, las tres materias evaluadas en la prueba PISA 2022.

Por ejemplo, en Matemática, 7 de cada 10 (72,9%) alumnos no alcanzan niveles básicos, según los resultados difundidos esta semana  por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Con un puntaje promedio de 378 puntos en esta materia, la Argentina quedó en el puesto 66 de los 81 países o regiones evaluados, y entre los países de América latina Argentina quedó en quedó en el 8° puesto.

En Lectura y Ciencias, 5 de cada 10 estudiantes argentinos no alcanzan los estándares mínimos (el nivel 2 de desempeño). En Lectura obtuvieron 401 puntos; en esta materia Argentina se encuentra en el puesto 58 de 81 países.

En Ciencias, en tanto, los argentinos tuvieron un puntaje promedio de 406, que los ubicó en el puesto 60 de 81 países.

Una dura y lamentable realidad

Estos datos nos están diciendo que los alumnos argentinos no estudian bien y que, consecuentemente, aprenden mal. Es cierto que en numerosos países hay crisis educativa y en cada uno de ellos habrá diferentes y numerosas causas para que ello ocurra. Pero que otros anden mal no justifica que nosotros también andemos mal porque en el país de los ciegos el tuerto es rey, como señala el viejo y olvidado refrán atribuido a Erasmo de Rotterdam.

¿Por qué la Argentina, que durante casi un siglo fue un país que logró altos niveles educativos entró en declive tan abrupto? Porque hemos improvisado y experimentado de manera constante con programas cambiantes no sólo en educación sino también en economía, política, desarrollo científico, cuidado de la salud y relaciones humanas, todo lo cual nos ha llevado a la decadencia no sólo fáctica sino también moral.

La decadencia, para poder comprender su potencialidad, debemos compararla con los efectos de un terremoto como los sufridos por Venezuela, México y Colombia o con el aluvión ocurrido en la frontera de China y Nepal, pero con una importante diferencia en el proceso de esas catástrofes: todos sabían que podían llegar a ocurrir pero no en qué momento y lugar. La decadencia de un país se puede producir luego de un largo conflicto bélico o por un paulatino proceso de adaptación a lo malo y al menor esfuerzo. En cualquier caso, la recuperación se logrará cuando los afectados se den cuenta que todas las cosas se deben tomar en serio y ponerse a trabajar o estudiar o investigar o gobernar con tenacidad y esperanza.

Una crisis conceptual

Las escuelas de enseñanza primaria y los colegios de educación secundaria se crearon con la finalidad de capacitar a las nuevas generaciones para su vida en la sociedad. Estas acciones, la de enseñar y educar se diferencian sutilmente según puede leerse en el recuadro que contiene las definiciones del Diccionario de la Lengua Española.

El trabajo del maestro de primaria y el del profesor del nivel secundario se corresponden con las funciones de enseñar y de educar, respectivamente. Para que tales acciones se cumplan adecuadamente y logren los resultados esperados, deben ser realizados por personas que hayan alcanzado altos estándares en su formación como docentes. De lo contrario, si su aprendizaje es mediocre, los resultados que logren en su labor será el de formar alumnos con menos capacidades que las de ellos.

Así, podemos ver que la relación entre docentes y alumnos debe sustentarse en la capacidad del docente y el trabajo esforzado de sus alumnos.

Es interesante lo que expresa la Asociación Montessori Internacional aporta una importante distinción entre escolarizar y educar:

Educar y escolarizar son conceptos diferentes: educar se refiere a formar a una persona en valores, derechos y obligaciones, mientras que escolarizar es el proceso de acceder a la escuela para recibir la enseñanza obligatoria es decir una cierta cantidad de información acordada por la sociedad.

La diferencia entre educar y escolarizar es un tema fascinante y profundo. Educar es un proceso amplio y continuo que abarca el desarrollo integral de una persona. No se limita a la adquisición de conocimientos académicos, sino que también incluye valores, habilidades sociales, emocionales y éticas. La educación puede ocurrir en cualquier contexto ya que es un proceso que dura toda la vida y que busca formar individuos completos y responsables.

La escolarización, por otro lado, se refiere específicamente al proceso de asistir a una institución educativa formal, como una escuela, donde se sigue un currículo estructurado. La escolarización se centra en la enseñanza de materias académicas y en la preparación para exámenes y certificaciones. Es una parte importante de la educación, pero no la abarca en su totalidad. Ambos procesos son esenciales y complementarios. 

El gobierno nacional y los de algunas provincias han proyectado incrementar en una hora el tiempo de las clases, como puede verse en el siguiente comunicado del ministerio de Capital Humano en el que expresa:

El programa “Hacia la universalización de la jornada completa y/o extendida”, más conocido como “1h+”, busca sumar más horas de clases por día en las escuelas primarias de gestión estatal de todo el país. Esto implica más tiempo para ofrecer mayores oportunidades de aprendizaje, en particular, de lengua y matemática.

¿En qué consiste?

Una política federal para que todas las escuelas primarias tengan jornada completa o extendida, cumpliendo con lo establecido por la Ley de Educación Nacional,

(Obsérvese que la frase anterior termina con el signo “coma” y no con el “punto”, que es lo que corresponde. Si así se publica una nota oficial, ¿qué podemos esperar de los educandos?)

Ampliar el horario de permanencia en la escuela no será suficiente si no se califica a los docentes y se acciona sobre los padres y familiares de los alumnos para que estén atentos y comprometidos en la educación de los niños y jóvenes.

Creo que será necesario un compromiso compartido entre las familias y las autoridades educativas para que se para el proceso de la actual decadencia y se remonte un camino que podrá ser escarpado, doloroso por el esfuerzo, pero fructífero para todos.

Enseñar

· Instruir, doctrinar, amaestrar con reglas o preceptos.

· Dar advertencia, ejemplo o escarmiento que sirva de experiencia y guía para obrar en lo sucesivo.

· Indicar, dar señas de algo.

· Mostrar o exponer algo, para que sea visto y apreciado.

· Dejar aparecer, dejar ver algo involuntariamente.

·  Acostumbrarse, habituarse a algo.

Educar

· Dirigir, encaminar, doctrinar.

· Desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc. Educar la inteligencia, la voluntad.

· Desarrollar las fuerzas físicas por medio del ejercicio, haciéndolas más aptas para su fin.

· Perfeccionar o afinar los sentidos. Educar el gusto, el oído.

·  Enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía.

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