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Agua que has de beber no la dejes correr

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Felipe Rodolfo Arella
Felipe Rodolfo Arella
Lic. en Cooperativismo y Mutualismo (UMSA). Magíster en Animación Sociocultural (Universidad de Sevilla). Ex-Presidente del CGCyM. Periodista, docente e investigador especializado en Economía Social y Solidaria, Género y Desarrollo Local.

Marzo concentra dos fechas clave para reflexionar sobre un recurso esencial: el 22 se conmemora el Día Mundial del Agua y el 31, en la Argentina, el Día Nacional del Agua. En ese marco, un recorrido por la historia, la importancia vital de este bien y el papel decisivo que cumplen las cooperativas para garantizar el acceso al agua potable en todo el país.

Generalmente no le damos importancia al valor que el agua tiene en nuestras vidas y en la de los animales y plantas. Creemos que somos solo músculos, grasa y huesos, pero todos los seres vivos estamos compuestos, en promedio, por un 75 por ciento de agua, dependiendo de la edad, sexo, masa muscular y tejido adiposo, y quedamos cuando nos enteramos que el pepino y la lechuga son un 97% agua.

Por lo tanto, sobre todo entre los humanos, es muy relevante la calidad del agua que usamos como bebida o como insumo en la preparación de alimentos, higiene en general y en los procesos a vinculados a la producción primaria de animales y a la gastronomía.

Un elemento tan importante para la vida orgánica en general no fue reconocido como tal por autoridades gubernamentales o instituciones internacionales sino recién en tiempos recientes, como lo hizo la Argentina en 1970 instituyendo el Día Nacional del Agua el 31 de marzo de cada año, y las Organización de las Naciones Unidas (ONU) hizo lo propio el 22 de marzo en 1993 con el objetivo de alertar sobre una posible crisis hídrica global y la necesidad de proveer de agua potable a las familias. Esta Organización volvió a revalorizar la importancia del agua al establecer, en 2010, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que se esperan alcanzar dentro de cuatro años.

El agua tiene su historia

En los grandes centros urbanos de cualquier parte del mundo abrir una canilla para que salga agua es algo tan común que no nos detenemos a pensar en cuál era la manera de obtener agua en los tiempos pasados.

Desde la más remota antigüedad el agua fue el elemento natural más requerido para mantener la vida de todas las especies, una vida que, sin embargo, corría el peligro de ser atacada por diferentes infecciones producidas por los microorganismos que se desarrollaban en ella.

El reconocimiento de que el agua podía causar enfermedades hizo que las primitivas civilizaciones comenzaran a tratarla para el consumo seguro de los humanos.

Varios fueron los métodos desarrollados en la remota Antigüedad para que el agua no enfermase a las poblaciones y vamos a señalar algunos de ellos:

Investigaciones arqueológica dan cuenta que ya por el 4.000 a.C. se utilizaban métodos de potabilización, como hervir el agua, ponerla al sol, filtrarla a través de carbón leña o de arena o almacenarla en recipientes de cobre. Los egipcios, cuya supervivencia  dependía de las crecientes del Nilo, dejaban reposar el agua en vasijas de barro durante varios meses para que se precipitasen las partículas e impurezas, y mediante un sifón extraían el agua de la parte superior, lo que se conoce como  decantación. También desarrollaron el método de la coagulación, consistente en introducir en el agua contenida en vasijas, piedras de alumbre que está compuesta de sulfato de potasio y aluminio, un sistema que se utiliza en la actualidad,

En Asiria, imperio que tuvo su esplendor entre los siglos XX y VII a.C. y que se extendía total o parcialmente por lo que actualmente son Irak, Siria, Palestina, Israel, Jordania, Líbano, Turquía, Irán, Arabia Saudita, Egipto, Kuwait, Chipre, Armenia, Azerbaiyán y Georgia, su monarca Senaquerib mandó construir a principios del s. VII a.n.e. un acueducto que abasteciera a su capital, Nínive, con un recorrido de más de 40 km entre acueductos y canalizaciones.

En la misma época Ezequías, rey de Judá, construyó un acueducto que llevaba agua hasta Jerusalén.

Los griegos, que todo lo pensaban, se dieron cuenta de la importancia del agua pura sobre la salud de la población y, además, como eran navegantes, comenzaron a pergeñar sistemas de desalinización del agua de mar. Tales de Mileto (623-546 a.C.) o Demócrito (460-370 a.C.) ya hablaban en sus escritos de los métodos físicos consistentes en hacer pasar el agua a través de la tierra para lograr agua bebible, pero fue Aristóteles quién diseñó la primera máquina para desalar el agua: una evaporadora, que servía a los barcos griegos para conseguir agua dulce en sus travesías.

En cuanto a la calidad del agua para su uso seguro en la vida humana,  Hipócrates (460 – 354 a.C.) recomendaba que el agua se hirviera y se colase antes de ser utilizada para beber.

A medida que los imperios ganaban territorios y crecía la población de las ciudades, fue necesario idear en algún sistema de transportación del agua a regiones alejadas de ríos. El sistema más extenso de la antigüedad fue sin duda el realizado por los romanos. El primero en construirse fue el Aqua Apia, que era un acueducto subterráneo de 16 km de longitud, iniciado en el 312 a.C. por el censor Apio Claudio Ceco y Cayo Plaucio Venox. Comenzaba cerca de la vía Prenestina, discurría bajo tierra y entraba a Roma en la zona de Porta Maggiore, y terminaba en la zona del Foro Boario (cerca de la Porta Trigemina). Se estima que suministraba alrededor de 73.000 a 91.000 m3 por día a la ciudad de Roma.

El primero que transportó agua sobre la superficie fue el Aqua Marcia, en la capital del imperio. Tenía una longitud de 90 km y fue construido en el año 144 a.C. Diez acueductos suministraban agua a la antigua ciudad de Roma y la abastecían con alrededor de 140,000 m3 agua al día.

Los romanos no fueron los primeros en abastecer a las ciudades de agua mediante obras de ingeniería, ya que el primer caso de una ciudad que tiene un sistema de abastecimiento de agua, con baños públicos y agua caliente, es Mohenjo-Daro (Valle del Indo, actual Pakistán), habitada durante el tercer milenio antes de nuestra era (entre el 2600 y el 1800 a.C.) a orillas del río Indo. En esta ciudad, casi todas las grandes casas o bloques de edificios tenían por lo menos un pozo privado, y había también una gran cantidad de pozos públicos. Se ha calculado la existencia de unos 700 pozos.

También se han encontrado más de 17 grandes depósitos en ciudades como Dholavira, en India; en este caso, una parte estaba excavada en la roca para almacenar el agua de la lluvia caída durante la estación monzónica.

Como vemos en esta sucinta exposición, el agua, por ser vital, se transforma en un problema si se carece de ella o si, teniéndola, no es apta para el consumo por no ser potable. Veremos, ahora, cómo se fueron desarrollando estudios y procesos para lograr agua segura.

Filtración y potabilización

El intento de los seres humanos por mejorar la calidad del agua mediante el uso de filtros se entrelaza con su evolución. Los primeros intentos registrados de filtración de agua se remontan al año 2000 a.C.

Hipócrates realizó varios experimentos sobre la purificación del agua y diseñó una membrana de tela, a través de la cual pasaba agua hervida.

Siglos más tarde, un invento influiría significativamente en la evolución de los filtros: el microscopio. El italiano Antonio Porzio fue el primero en diseñar un filtro múltiple en 1685 que incluía sedimentación y filtración de arena.

En 1746, el científico francés Joseph Amy fue el primero en fabricar filtros para uso doméstico utilizando una esponja, carbón y lana.

En 1829 se construyó en Londres la primera planta de filtros lentos de arena hecha por The Chelsea Water Worlk Corporation. A medida que la demanda de agua filtrada aumentaba, se fue estudiando más a fondo el trabajo de los filtros y se descubrió que no solo hacían un proceso de cribado sino que también transformaban la materia orgánica. Con el surgimiento de la microbiología, nacida a mediados del siglo XIX, se le fue dando cada vez mayor importancia al aspecto bacteriológico de la filtración y hacia finales de ese siglo muchas ciudades ya habían construido plantas para el filtrado del agua.

Abastecimiento urbano

En la antigüedad el abastecimiento de agua no se realizaba a todas las viviendas, pero en muchas de ellas se habían construido baños públicos, como lo demuestra el que existía en Mohenjo-Daro, a orillas del río Indo de la actual Pakistán, datada entre el 2.600 y el 1.800 a.C. En esa ciudad, casi todas las grandes casas o bloques de edificios tenían por lo menos un pozo privado, y había también una gran cantidad de pozos públicos. Se ha calculado la existencia de unos 700 pozos.

También se han encontrado más de 17 grandes depósitos en ciudades como Dholavira, en India; en este caso, una parte estaba excavada en la roca para almacenar el agua de la lluvia caída durante la estación monzónica.

La antigua ciudad de Éfeso, ubicada en la costa oeste de la actual Turquía conquistada por los griegos, albergaba muchas estructuras impresionantes, incluidos baños públicos y letrinas. Estas estructuras eran componentes importantes de la vida cotidiana y servían como lugares de reunión social donde se brindaban servicios de higiene esenciales a los habitantes de la ciudad.

En el imperio romano era frecuente la construcción de baños públicos o termas, que se convirtieron en centros sociales fundamentales para la higiene y el ocio, abiertos a todas las clases sociales. Funcionaban con una secuencia de calor, tibieza y frío, calentados por un sistema de conductos bajo el suelo. Eran espacios de interacción, chismes y política. De ahí el dicho de que la cultura está en los baños.

Tal sistema de higiene pública fue tomado también por los árabes eran centros esenciales de higiene, purificación religiosa.

En los palacios de los nobles romanos ya existían en el siglo I cañerías para el agua. En la parte final existía un artefacto rudimentario que consistía en un cilindro perforado que se insertaba en la tubería. Se decoraba con la figura de un grifo, animal mitológico mitad águila mitad león –de allí proviene su actual nombre en castellano–; en francés se llama robinet, de robin que significa “carnero”, y en alemán se llama hahn, que deriva de una palabra que significa gallo.

Sistemas de alcantarillado y saneamiento

El agua servida, aquella que se desecha tras su uso doméstico, industrial o agrícola, se caracterizadas por contener contaminantes como materia orgánica, grasas y patógenos, se desechaba a través de un sistema de alcantarillas que generalmente terminaban en el río más cercano, produciendo la contaminación del mismo.

El alcantarillado más antiguo del que se tiene constancia histórica es el construido en la ciudad sumeria de Nippurn, en Mesopotamia, hacia el año 3750 a.C.

Otra forma de liberarse de las aguas residuales era la construcción de profundos pozos en la tierra que llegaban hasta cerca de la primera napa de agua cuando está muy elevada. Los pozos sépticos, conocidos en nuestro país como pozos ciegos, son sistemas subterráneos de tratamiento de aguas residuales in situ, esenciales en zonas sin alcantarillado, que utilizan procesos naturales (sedimentación y bacterias) para depurar las aguas domésticas.

El inicio de una nueva era

A mediados del siglo XIX, como consecuencia de epidemias de cólera y de la presencia de un “gran hedor” proveniente del río Támesis, en Londres, que por entonces contaba con más de dos millones de habitantes, comenzó una verdadera revolución en la atención de la salud pública en todo el mundo.

John Snow, médico londinense, expuso la teoría de que el cólera se transmitía por el agua, pero sus ideas recibieron poca atención. Entre 1853 y 1854, esa enfermedad se cobró otras 10.738 víctimas y el médico falleció antes de saber que su teoría era acertada.

El Gran Hedor fue el catalizador de un cambio radical. Sir Joseph Bazalgette fue el genio de la ingeniería victoriana y un visionario de la salud pública, cuyo  vasto sistema de alcantarillado del que los londinenses aún dependen hoy en día terminó con el cólera y la contaminación del agua.

Antes de los diseños de Bazalgette, las aguas residuales sin tratar se filtraban desde alcantarillas inadecuadas al río Támesis, convirtiéndolo en una cloaca abierta y maloliente, con su ribera cubierta de desechos humanos sin tratar, vertidos industriales y efluentes de mataderos.

El sistema de alcantarillado de Londres, con 150 años de antigüedad, se encuentra hoy en día bajo la presión de la población cada vez mayor de la ciudad, que ahora ronda los 9 millones de habitantes, por lo cual se están encarando nuevas obras públicas para evitar nuevos problemas de salubridad.

Los sustitutos del agua

En regiones en las que se produce coco, como, por ejemplo Indonesia, India, Filipinas, Sri Lanka, Tailandia, Brasil, Mozambique, Tanzania y Ghana, es posible que el agua sea reemplazada por el líquido contenido por los cocos.

Esa agua de los cocos es muy saludable para la salud humana porque tiene un bajo contenido de azúcares naturales y mejora la sensibilidad a la insulina, lo que la hace una bebida adecuada para personas con diabetes. Además, como está envasada naturalmente, no posee bacterias contaminantes, salvo que la plante tenga alguna enfermedad.

Pero no todos pueden ir con un filoso machete cortando la dura corteza de esa fruta. Además los monos son competidores serios en su consumo.

Cuando el hombre se dio cuenta de que el agua de los ríos y arroyos podía enfermarlo, comenzó, como señaláramos precedentemente, a hervir el agua antes de consumirla.

Si al agua le agregaba algunos cereales, la hacían más agradable, y creó la cerveza. La cerveza se transformó en una bebida habitual para la humanidad y el hecho de que para producirla debían hervir el agua, la elevada temperatura eliminaba los gérmenes.

Además de sana, la cerveza era sabrosa y divertida.

Otro vegetal utilizado para producir un líquido seguro que calmara la sed fue la vid. Y del fruto de la vid, la uva, surgió el vino, también producía alegría y era agradable a la boca. En una nota periodística publicada por American Journal of Clinical Nutrition se da cuenta de una investigación realizada por un grupo de científicos españoles, sobre los beneficios que un consumo moderado de vino tinto podría ser beneficioso para nuestra microbiota intestinal.

La Argentina y el agua

En la ciudad de Buenos Aires, desde su colonización por España y hasta fines de la década de 1860 las familias tomaban agua que les proveían los aguateros, que la tomaban del río de La Plata y la distribuían por las casas o almacenaban el agua de lluvia en aljibes.

Como consecuencia de la epidemia de cólera que azotó la ciudad, el gobierno nacional, presidido por Domingo Faustino Sarmiento, decidió construir el sistema de agua potable en 1868, en cuya inauguración expresó: Habrá cólera

donde quiera que haya desaseo, desnutrición y miseria (…) Demos agua corriente al pueblo, luz a las ciudades, templos al culto, leyes a la sociedad, constitución a la nación.

Años después, se crea la empresa estatal Obras Sanitarias de la Nación, por ley 8889, del 27 de julio de 1912, pionera en la administración del agua potable y saneamiento, que llegó a tener la mayor red del continente, hasta su privatización en 1993 atendiendo las necesidades de las ciudades más grandes del país, mientras que en poblaciones más pequeñas cumplían esa labor las provincias, los municipios, las cooperativas locales y algunas empresas privadas.

Aguatero. Obra de Albérico Isola, 1844.

El acceso al agua potable en las provincias argentinas presenta profundas desigualdades, con cerca de un 15% a 22% de la población sin cobertura de red. El déficit es mayor en el norte y zonas rurales, destacándose Chaco, Formosa, Santiago del Estero y Misiones con las menores coberturas, junto a desafíos de arsénico en el agua en varias regiones. 

Las cooperativas de agua potable en la Argentina

Si hay un terreno en el que el cooperativismo argentino ha demostrado, con hechos, su valor social, es el de la prestación del agua potable y el saneamiento. En cientos de pueblos y ciudades del país, especialmente en localidades pequeñas, medianas o alejadas de los grandes centros urbanos, son cooperativas de servicios públicos las que sostienen una tarea esencial para la vida cotidiana, la salud comunitaria y el desarrollo local.

Dimensionar con exactitud ese aporte no es sencillo. Un relevamiento académico reciente sobre organizaciones comunitarias de agua y saneamiento advierte que en la Argentina no existe todavía un registro oficial unificado y actualizado que permita conocer con precisión cuántas cooperativas prestan hoy este servicio en todo el país (Relevamiento de Organizaciones Comunitarias de Servicios de Agua y Saneamiento, 2023).

Aun así, los datos disponibles permiten apreciar la magnitud del fenómeno. El número exacto histórico más sólido que hoy puede citarse surge de un informe del INAES, según el cual en 2008 había 480 cooperativas de servicio de agua potable en la Argentina, además de 105 cooperativas dedicadas a la recolección de aguas servidas (INAES 2008, citado en Relevamiento de Organizaciones Comunitarias de Servicios de Agua y Saneamiento, 2023). Ese mismo trabajo agrega que, ya entonces, las cooperativas de agua se concentraban principalmente en Córdoba, con el 32,45% del total, y en la provincia de Buenos Aires, con el 20,6% (INAES 2008, citado en Relevamiento de Organizaciones Comunitarias de Servicios de Agua y Saneamiento, 2023).

Otra cifra relevante surge del Plan Nacional de Agua Potable y Saneamiento de 2015, que contabilizó 1.407 entidades cooperativas o comunales prestadoras del servicio de agua potable. Ese dato no discrimina cuántas eran exactamente cooperativas y cuántas correspondían a otras formas comunitarias, pero confirma el enorme peso que tiene la gestión solidaria en la provisión de agua en la Argentina (Plan Nacional de Agua Potable y Saneamiento 2015, citado en Relevamiento de Organizaciones Comunitarias de Servicios de Agua y Saneamiento, 2023).

Las cifras provinciales disponibles también muestran esa gravitación. En la provincia de Buenos Aires, un dossier reciente del sector cooperativo señala la existencia de 165 cooperativas de agua potable y destaca que estas entidades abastecen al 32% de los usuarios bonaerenses de ese servicio (Dossier del cooperativismo argentino, Idelcoop/Cooperar). En Santa Fe, una presentación técnica basada en datos del INAES consigna 106 cooperativas de agua potable (Programa Infraestructura UNR). En La Pampa, una fuente periodística provincial identificó 26 entidades que prestan hoy el servicio de agua potable (La Arena). Y en Chubut, la Federación Chubutense de Cooperativas de Servicios Públicos informa que nuclea 31 cooperativas, con una participación decisiva en la prestación de servicios públicos, incluido el agua potable, en la provincia (FECHCOOP).

En otras provincias, como Entre Ríos, Mendoza, Misiones, Santiago del Estero, Chaco, Formosa, Neuquén o Río Negro, distintas fuentes técnicas y regulatorias también registran presencia de cooperativas en la prestación del agua, aunque sin ofrecer en todos los casos un número público, homogéneo y actualizado de entidades específicamente dedicadas a ese servicio (Relevamiento de Organizaciones Comunitarias de Servicios de Agua y Saneamiento, 2023).

Por eso, al conmemorarse el Día Mundial del Agua y el Día Nacional del Agua, poner en valor a las cooperativas no es un gesto retórico, sino un acto de justicia. Allí donde muchas veces el Estado no alcanza con estructura suficiente o donde la lógica empresaria no encuentra rentabilidad, las cooperativas organizan a la comunidad, reinvierten en el territorio y garantizan un servicio esencial. Hablar del agua en la Argentina, entonces, también es hablar de solidaridad organizada, de gestión democrática y de compromiso colectivo con un bien indispensable para la vida.

Distribución estimativa actual de cooperativas de agua potable por provincia

ProvinciaEstimación actualFuente orientativa
Buenos Aires165Idelcoop / Cooperar
CABA0estructura metropolitana AySA
Catamarca0–2relevamiento nacional OCSAS
Chaco5–10relevamiento nacional OCSAS
Chubut25–31FECHCOOP
Córdoba150–170reconstrucción sobre base histórica INAES + peso actual del cooperativismo de servicios
Corrientes3–8relevamiento nacional OCSAS
Entre Ríos20–30relevamiento nacional OCSAS
Formosa3–8relevamiento nacional OCSAS
Jujuy0–2relevamiento nacional OCSAS
La Pampa26La Arena
La Rioja0–2relevamiento nacional OCSAS
Mendoza20–30Gobierno de Mendoza / operadores comunitarios
Misiones20–25relevamiento nacional OCSAS
Neuquén3–8relevamiento nacional OCSAS
Río Negro2–6relevamiento nacional OCSAS
Salta0–2relevamiento nacional OCSAS
San Juan0–1relevamiento nacional OCSAS
San Luis1–3relevamiento nacional OCSAS
Santa Cruz0–1relevamiento nacional OCSAS
Santa Fe106Programa Infraestructura UNR
Santiago del Estero8–15relevamiento nacional OCSAS
Tierra del Fuego1–3relevamiento nacional OCSAS
Tucumán0–2relevamiento nacional OCSAS

Nota: los mayores núcleos cooperativos en agua potable se observan en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. En Buenos Aires, un dossier sectorial reciente identifica 165 cooperativas de agua potable y señala que abastecen al 32% de las y los usuarios bonaerenses del servicio. En Santa Fe, una presentación técnica basada en datos del INAES menciona 106 cooperativas de agua potable. En La Pampa se identificaron 26 entidades prestadoras, mientras que en Chubut la federación provincial informa 31 cooperativas con fuerte participación en la provisión de agua y saneamiento. En Mendoza, el gobierno provincial informó en 2026 que existen 125 operadores de agua potable y saneamiento fuera de AYSAM, en su mayoría de gestión comunitaria, entre ellos cooperativas.

Más allá de las dificultades estadísticas, el mapa es claro: en buena parte de la Argentina, especialmente fuera de las grandes áreas metropolitanas, el agua potable también llega a los hogares gracias a la organización solidaria de sus propias comunidades.

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