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Las razones del patriarcado y de la rebelión femenina

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Felipe Rodolfo Arella
Felipe Rodolfo Arella
Lic. en Cooperativismo y Mutualismo (UMSA). Magíster en Animación Sociocultural (Universidad de Sevilla). Ex-Presidente del CGCyM. Periodista, docente e investigador especializado en Economía Social y Solidaria, Género y Desarrollo Local.

Actualmente todos están en contra de lo que se conoce como “patriarcado”, esa forma de ejercicio de la autoridad ejercida por los varones en las familias y organizaciones. La constante prédica que desde hace pocas décadas vienen realizando los colectivos feministas está logrando que hasta los mismos varones abandonen conscientemente o por temor sus ancestrales prerrogativas de mando y predominio, tanto sobre las mujeres como sobre otros varones bajo su dependencia.

Las luchas de las mujeres por tener los mismos derechos que los varones son justas y antiguas, pero recién a partir de 1968 se exteriorizó y organizó mundialmente. Séverine Auffret dice: El año1968 tiene importancia histórica en Francia, en toda Europa, en América de rebote, en muchos países de África, Asia y Oceanía. Es también una fecha bisagra para la historia de los feminismos y de las ideas feministas. ¿Por qué? Porque el Padre ha muerto. Ni Dios ni el rey, sino el Padre. No el progenitor, sino el patriarcado, aval de todas las autoridades, de todas las arbitrariedades y de todas las responsabilidades.

No voy a tratar sobre el desarrollo del feminismo sino cuáles fueron, a mi criterio, las razones que dieron lugar al patriarcado, con el consiguiente sometimiento de las mujeres en todas las sociedades del mundo, si bien hay autores que nos informan de poblaciones arcaicas en que se había desarrollado el matriarcado, pero ese asunto lo dejaremos para otro momento.

Un poco de paleo-antropología

Las investigaciones que realizan desde hace casi dos siglos antropólogos y paleólogos, siguiendo los pasos de Charles Darwin, para descubrir el origen del hombre, aportan datos hipotéticos y comprobados sobre esa cuestión, como así también de las costumbres, técnicas, la evolución del cerebro humanos, la cultura y el lenguaje a través de millones de años.

Uno de esos aportes, según dijera José María Bermúdez de Castro en una conferencia, es que la mujer se fue diferenciando de la hembra primate en que extendió el tiempo de amantar a sus hijos hasta los dos años del niño, mientras que en aquella era de solamente tres meses.

Cuando escuché ese dato pensé que había un motivo válido para que la mujer se quedara en la cueva o en la choza, cuidando al bebe mientras el varón salía a cazar. Esa lactancia tan prolongada inhibía a la mujer quedar nuevamente embarazada, pero le permitía atender algunas cuestiones vitales para el grupo como defender su espacio de predadores, fueran animales u hombres de otra tribu mientras no estaba su compañero.

Comer cocido

Un día un rayo incendió un sector del bosque; el fuego mató a algún animal pero lo cocinó y los humanos comenzaron a comer carne asada. Pero el fuego se apagó y tenían que esperar otra tormenta para poder asar al animal cazado. A alguien se le ocurrió cuidar ese fuego y tal tarea se la habrán asignado a las mujeres que cuidaban a sus hijos lactantes.

La importancia del fuego fue tan grande que no hay religión antigua que no lo tenga incorporado en sus prácticas y sus relatos, como ocurre con los mitos de los más diversos pueblos. Chinos, egipcios, griegos, aztecas, guaraníes, por dar algunas pistas, tienen mitos y leyendas en las que el fuego proviene de los dioses y que se lo debe cuidar especialmente en los templos porque con él se ofrecen los sacrificios al dios tutelar. Las religiones monoteístas del presente también cuidan el fuego en sus templos.

El fuego no sirve solamente para cocinar, sino también para hacer vasijas de arcilla, fundir metales y protegerse del frío y de los animales salvajes. Los miembros de la tribu se reunían alrededor del fuego y desarrollaron la solidaridad entre ellos, como lo expusiera en una conferencia el paleontólogo Ignacio Martínez Mendizábal, quien cree que de esa manera surgió en cada uno el interés por el otro.

Se me ocurre que cuando los varones se calentaban alrededor de la hoguera y cambiaban información sobre dónde se podía cazar, las mujeres debían atender al niño, haciendo alguna labor, como trenzar cáñamo, hilar lana o cocinar en las vasijas que ellas habrían fabricado.

Esas tareas diferenciadas que hoy llamamos división sexual del trabajo habrán surgido así, de la práctica diaria.

Los mandatos divinos

En las reuniones junto al fuego, algunos habrán preguntado cosas sobre la naturaleza, sobre el sol, la luna y las estrellas o qué pasará cuando uno se muera. Alguien del grupo habrá dado algunas respuestas y fueron dichas como dictadas por un dios, por lo cual debían ser verdades plenas y aceptadas sin más. Algún otro habrá preguntado sobre qué hacer con las mujeres y cuál era su rol en la tribu, y el sabio habrá dicho que estaban para procrear, cuidar los niños y los trabajos domésticos, como quieren los dioses. No podían hacer otra cosa porque eran impuras y rebeldes a los mandatos del dios e inferiores a los varones.

Así como los mitos y las religiones de todos los pueblos tienen elementos similares para explicar la creación del universo y del hombre, los preceptos morales y las normas de conductas son muy parecidas entre sí. Cuando aparecieron las grandes civilizaciones, toda esa cultura ancestral se codificó siguiendo los mandatos teológicos imperantes. Los varones, establecieron sus leyes cuidándose de tener todo el poder para ellos porque eran los preferidos de los dioses, a pesar de que en varias religiones la mujer tenía un protagonismo singular: ser madre de Dios.

¿Cuándo comienzan los reclamos de las mujeres?

Si bien podemos encontrar algunas exteriorizaciones de los reclamos de las mujeres en la antigüedad, como los plasmados por Aristófanes en sus obras La asamblea de las mujeres y Lisistrata,  creo que adquirieron identidad a partir del desarrollo de ciertas tecnologías hogareñas. Veamos.

Desde la prehistoria las mujeres hilaban y tejían para hacer los vestidos de la familia. Cuando se inventó el telar mecánico que fue ubicado fuera del hogar, la mujer tuvo que ir el taller y se despegó de la casa.

La harina se obtenía moliendo los granos en el mortero casero, cosa que dejó de hacerse cuando se inventó el molino de agua o de viento. La mujer iba al molino a buscar la harina.

Algo más importante aún pero de tiempo muy reciente es la aparición de las cocinas a kerosene, primero, luego a gas o eléctricas. La mujer no tenía que perder tiempo y esperar para encender astillas de maderas y troncos, usados para adobar en las cocinas económicas en las que siempre había que dejar alguna brasa cuando aún no se había inventado el fósforo ni el encendedor.

Lo mismo ocurrió con la plancha y la estufa, que eran de carbón y luego fueron de bencina, kerosene y más tarde eléctrica. De la pileta de lavar la ropa se pasó al lavarropas. De la barra de hielo a la heladera eléctrica.

Al tener más tiempo libre en el hogar, las mujeres comenzaron a trabajar en talleres y oficinas. Otras quisieron estudiar en universidades carreras que eran exclusivas de los varones, como medicina. También hubo pintoras, actrices, novelistas.

Pero fue a partir de la Gran Guerra de 1914, cuando las mujeres ocuparon los lugares de trabajo de los varones que morían en el frente de batalla. Lo mismo aconteció en la Segunda Guerra Mundial. Las mujeres se dieron cuenta de sus potencialidades y las hicieron valer a través del reclamo de libertad y derechos. No les resultó fácil el intento de ocupar un lugar nuevo en la sociedad. Se vieron maltratadas por sus esposos, los empleadores y todos los varones que no querían perder la exclusividad en su actividad respectiva. Por eso se demoraron las leyes que dieran a las mujeres los derechos civiles, el manejo de su patrimonio sin la tutela de padres o esposos y la posibilidad de exigir el divorcio.

Para ello se movilizaron, formaron parte de partidos políticos controlados por varones que no entendieron sus reclamos y por fuera de ellos se organizaron  y lograron que se les reconocieran los mismos derechos humanos que gozaban los varones, a quienes acusaban de ejercer un férreo patriarcado.

El patriarcado, que comenzó como un sistema de protección y perduración de la tribu, se transformó en una práctica opresora y domesticadora de sus miembros. Como para vivir es necesario adaptarse al medio físico, político y social el patriarcado se consolidó rápidamente a través de normas morales, jurídicas, religiosas y la consiguiente represión. No obstante, se fueron produciendo cambios de paradigmas y, si bien muchas y muchos añoran el vetusto sistema patriarcal, ya todo comienza a ser distinto.

Fuentes:

Auffret, Séverine: Historia del feminismo. De la Antigüedad a nuestros días; Editorial El Ateneo; Buenos Aires, 2019. Pág. 497.

Bermúdez de Castro, José María: Claves biológicas y culturales de la evolución humana; conferencia dictada en la Fundación Juan March, 19 de octubre de 2018 https://www.march.es/conferencias/

Gide, André: La escuela de las mujeres; Roberto –  Genoveva;Editorial Poseidón, Buenos Aires, 1948.

Martínez Mendizábal, Ignacio: Tecnología y evolución de la especie; conferencia dictada en la Asociación Digitales, ciclo “Las Mañanas del Mañana”, 9 de marzo de 2018. https://www.youtube.com/results?search_query=Las+Mañanas+del+Mañana

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