En los últimos años, las mascotas dejaron de ser solo animales de compañía para convertirse en verdaderos miembros de la familia. En nuestro país, ya comparten confiterías, restaurantes, alojamientos, transporte público y fluvial, etc. Perros, gatos y otras especies conviven a diario con millones de personas y su presencia tiene un impacto directo, positivo y negativo, sobre la salud humana.
La ciencia confirma que esta relación puede ser profundamente beneficiosa, siempre que se mantenga de manera responsable y con los cuidados adecuados. Un número significativo de estudios demuestran que convivir con una mascota reduce el estrés, la ansiedad y los niveles de cortisol, la hormona asociada a las situaciones de tensión. Acariciar un animal, jugar con él o simplemente observarlo genera una sensación de calma y bienestar emocional, favoreciendo la liberación de endorfinas y oxitocina, sustancias relacionadas con el placer y el vínculo afectivo. En personas que viven solas, las mascotas cumplen un rol clave en la prevención del aislamiento social y la depresión. Ofrecen compañía constante, rutinas diarias y un sentido de propósito, especialmente en personas solas y en adultos mayores. De hecho, se ha observado que quienes conviven con animales presentan menor incidencia de cuadros depresivos y una mejor percepción de su calidad de vida.
Desde el punto de vista físico, tener un perro suele asociarse con mayor actividad corporal. Los paseos diarios promueven el ejercicio regular, ayudan a controlar el peso, mejoran la presión arterial y disminuyen el riesgo cardiovascular. Incluso en pacientes con enfermedades crónicas, la presencia de una mascota puede favorecer la adherencia a hábitos saludables.
En la infancia, el contacto con animales se vincula con beneficios en el desarrollo emocional y social. Los niños que crecen con mascotas suelen mostrar mayor empatía, responsabilidad y habilidades de cuidado. Además, algunas investigaciones sugieren que la exposición temprana a animales puede reducir el riesgo de alergias y asma, al fortalecer el sistema inmunológico.
Las mascotas también tienen un rol terapéutico reconocido. La terapia asistida con animales se utiliza en hospitales, geriátricos y centros de rehabilitación para mejorar el estado de ánimo, disminuir el dolor percibido y favorecer la recuperación en pacientes con enfermedades neurológicas, oncológicas o psiquiátricas. Sin embargo, no todo es beneficio.
La convivencia con animales también puede asociarse a ciertos riesgos para la salud. Las alergias al pelo, la saliva o la caspa de perros y gatos son frecuentes y pueden manifestarse con rinitis, conjuntivitis o crisis asmáticas, especialmente en personas predispuestas. Otro aspecto a considerar son las enfermedades que pueden transmitirse de los animales al ser humano. Parásitos intestinales, toxoplasmosis, leptospirosis o infecciones bacterianas pueden prevenirse en gran medida con controles veterinarios periódicos, vacunación, desparasitación y adecuada higiene del hogar. También existen impactos indirectos sobre la salud mental cuando la tenencia no es responsable. El estrés económico por gastos veterinarios, la sobrecarga de cuidados o el duelo por la pérdida de una mascota. Por eso, los especialistas coinciden en que la clave está en la tenencia responsable. Adoptar una mascota implica compromiso, tiempo, recursos y conciencia de las propias condiciones de salud y estilo de vida. No todas las personas ni todos los hogares son adecuados para cualquier animal. La enfermedad y/o muerte de la mascota constituye un impacto sobre la salud mental generando un sufrimiento emocional significativo. La muerte de la mascota suele causar un dolor tan intenso como la de un familiar desarrollando muchas veces trastornos de duelo prolongado.
En síntesis, las mascotas pueden ser grandes aliadas de la salud humana, capaces de mejorar el bienestar emocional, físico y social. Pero para que esta relación sea verdaderamente saludable, debe basarse en el respeto, el cuidado y la responsabilidad. Cuando ese equilibrio se logra, el vínculo entre humanos y animales se transforma en una fuente cotidiana de bienestar compartido.















