El pasado 14 de noviembre se conmemoró el Día Mundial de la Diabetes, establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Internacional de Diabetes (FID) por el nacimiento de Frederick Banting, uno de los descubridores de la insulina. Más de 590 millones de adultos viven actualmente con diabetes en el mundo, y se estima que esta cifra podría aumentar un 46% para 2050 si no se fortalecen las estrategias de prevención. En Argentina, una de cada diez personas adultas padece diabetes, y cerca del 40% desconoce su diagnóstico. Este año mostró una persistente expansión mundial de la afección, pero emergieron nuevas tecnologías, terapias y formas de clasificación que prometen cambiar radicalmente el panorama de la enfermedad.
El 2025 marcó un punto de inflexión en varios frentes, desde la identificación de nuevos tipos, hasta la integración de inteligencia artificial en su manejo. Aquí algunos de los logros.
1. Nueva categoría reconocida: la “diabetes tipo 5”. Se estima que entre 20 y 25 millones de personas en el mundo podrían estar afectadas por esta variante, especialmente en regiones de Asia y África. Se caracteriza porque no se ajusta al patrón típico de la diabetes tipo 1 (autoinmune) ni al de la tipo 2 (resistencia a la insulina + secreción insuficiente), sino que aparece en personas con desarrollo pancreático comprometido por malnutrición crónica o factores nutricionales tempranos. Este reconocimiento establece la necesidad de desarrollar criterios diagnósticos específicos, guías terapéuticas adaptadas y registro global de casos. Para las poblaciones vulnerables en países de ingresos bajos y medios, podría representar un cambio de paradigma en atención.
2. Terapias de reemplazo de células beta y curas en ciernes. Para la diabetes tipo 1, los avances son concretos. Se presentaron datos alentadores sobre terapias de reemplazo de células beta (productoras de insulina) derivadas de células madre. Se trata de un salto cualitativo: el tratamiento no se limita a administrar insulina, sino a reponer la función perdida. Sin embargo, aún quedan desafíos: el control inmunológico para evitar el rechazo o la destrucción de las nuevas células, la durabilidad del tratamiento, y su accesibilidad en distintos sistemas de salud.
3. Tecnología, inteligencia artificial y monitoreo continuo. La tecnología está haciendo que el manejo de la diabetes entre en una nueva era. En el 2025, se destacan dos aspectos: los dispositivos de monitoreo continuo de glucosa (CGM) cada vez más avanzados, y el uso de IA para optimizar decisiones terapéuticas. Se están usando modelos de predicción que con IA identifican señales tempranas para la aparición de la diabetes tipo 1, incluso un año antes de los síntomas clínicos. Otra línea de investigación muestra que, mediante CGM y aprendizaje automático, es posible identificar sub-fenotipos metabólicos distintos en prediabetes o diabetes, lo que permitiría personalizar dietas, ejercicio y fármacos según el perfil de cada individuo. Estos avances permiten una monitorización más continua, menos invasiva, con datos más ricos (actividad física, sueño, dieta) que pueden alimentar algoritmos de decisión.
4. Avances en prevención y detección temprana. Detectar la diabetes antes de que aparezcan las complicaciones es una prioridad. En 2025 se observa que la IA aplicada al análisis de grandes volúmenes de datos para predecir la aparición de diabetes tipo 1, presta suma utilidad en la detección precoz. Si a esto le sumamos la conciencia creciente de la diabetes en contextos de malnutrición (como la tipo 5) y la urgencia de detección en países de ingresos bajos o medios, vemos que la “prevención” está dejando de ser un ideal lejano y se plantea como objetivo alcanzable con tecnologías modernas.
A pesar del buen momento científico-tecnológico, persisten grandes retos: acceso, equidad y carga global. La diabetes sigue creciendo globalmente, especialmente en zonas de bajos recursos. Los países en desarrollo tienen con una doble carga: malnutrición + sobrepeso + transición epidemiológica. Las nuevas terapias y tecnologías (bombas de insulina, CGM, trasplantes) suelen costar mucho y tardan en llegar a sectores vulnerables. El año 2025 puede quedar como un antes y un después en la historia de la diabetes. Las piezas se están articulando: ciencia básica (células beta), tecnología de monitoreo, inteligencia artificial, nuevos medicamentos, clasificación más fina de la enfermedad y un enfoque global más inclusivo. La diabetes en 2025 ya no es simplemente una enfermedad de “azúcar alta” que se controla con insulina o pastillas. Es un campo de transformación profunda en el que emergen terapias de restauración, dispositivos inteligentes, nuevas categorías diagnósticas y la promesa de personalizar el tratamiento.















