Dijimos durante la reciente pero olvidada pandemia y ante la sensibilización que afectaba a muchos, que la oportunidad de cambiar nuestros estilos de vida, nuestros objetivos en la vida –tras vivir la crueldad de sus efectos- era esta. Del individualismo girar al solidarismo; del consumismo a la racionalidad del consumo; de la indiferencia al otro, al acercamiento; de la creencia en la supremacía de las “salidas” exclusivamente estatales a la recreación de la seguridad en la propia fuerza, coordinada comunitariamente… Eliminar las actitudes en las que descargamos en otros las soluciones, transferimos las responsabilidades, ocultamos nuestro egoísmo en vericuetos técnicos, respaldadas en figuras legales acomodadas para salvaguardar nuestras codiciadas propiedades, pero prácticas para acallar nuestras conciencias.
Poco de esto ha pasado. Pocos cambios de actitud –sino ninguno– ni individuales ni grupales. El mundo sigue su curso y las promesas de esfuerzos personales, declamadas en forma exteriorizada o realizadas en manera introspectiva -pasada la pandemia- murieron como nacieron.
En corto plazo desaparecieron como respuestas viscerales (no conscientes y racionales) explosivas y de adolescentes. Se ha ido diluyendo la “llama del cambio”. Se está pasando la oportunidad.
Creímos o supusimos poder controlar la adicción a lo material con un tiempo (¿año?) de relativa abstinencia. No olvidemos que la lucha contra la “dependencia” es permanente la vital tendencia adhesiva de y a “las cosas” no se corrige de un día para otro. La actitud de cambiar, pensando en dar la vida por el bien común, en vez de por el exclusivo bien propio, es una lucha RACIONAL, CONSCIENTE y PERMANENTE. Al igual que los tratamientos de desintoxicación deben será acompañados por terapias. La mejor fórmula para las consecuencias al apego de los seculares efectos de la “terrible aristocracia del dinero” (según decía hace dos siglos el fusilado Dorrego), es la acción solidaria. La vivencia y recreación de valores. La vivencia PERSONAL e INDELEGABLE de virtudes humanas, sociales y personales.
Presenciamos el devenir del Mundial de Futbol. De una inicial actitud expectante venimos mutando colectivamente (y afortunadamente podríamos decir), a una virtuosa participación comunitaria donde renovamos la confianza en un pequeño grupo de veintitantos jóvenes. La confianza engendró la esperanza. Compartimos, visualizamos, la admiranda entrega, la persistencia en el tiempo, el aprendizaje de los errores, los valores aplicados, los esfuerzos individuales y colectivos, la convivencia en armonía, el interés por lo nacional, por trascender, por la superación, por la historia, por la totalidad de la población de nuestro país. Son visibles virtudes muchas de ellas presentes en la economía social, las reclamamos para nuestra vida cotidiana.
Esta es otra oportunidad. Menos cruenta que la pandemia. Más cercana a nuestra cultura y sensibilidad. La oportunidad es, nuevamente, desde ahora.
Estas son formas que nosotros podemos aplicar para llevar adelante nuestra “purga” de individualidad y nuestra cómoda vida hedonista. Aplaudamos, pero luego: ¡MANOS A LA OBRA















