Las grandes personas, de todo género y condición, son las que dejan una marca indeleble en su paso por el mundo, en una efímera existencia en comparación con el recuerdo extenso e indefinido que sus actos dejan impreso en la sociedad a la que dedicaron su vida.
“Dedicar la vida”, tiene en algunos una doble significación: es, por un lado, practicar con coherencia y entrega sus capacidades, esfuerzos e ilusiones en aquello en que creen, y que beneficia a amplios sectores de la comunidad, especialmente a los desposeídos; y por el otro, es haberse entregado por entero a esa causa, hasta el último momento, hasta el último hálito de vida, en eso que creen, conscientes de la brevedad de su vida.
Me estremezco al recordar que, cuando estuvimos con Mario el 30 de diciembre de 2019, él estaba y sabía que estaba enfermo, analizando retrospectivamente ese derroche de energía e interés que exhibía en la conversación, con sus preocupaciones, su interés ante lo que se le ponía por delante, y, sobre todo, los proyectos, que equivale a futuro, lo por hacerse.
En nuestro encuentro, le comenté que había observado que los Objetivos de Desarrollo Sostenible, si no los diecisiete, la mayoría de ellos, estaban ya presentes en la Encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco. Y le mostré un mapeo que había hecho, entrecruzando los temas ambientales de la Casa Común con los ODS; Mario tomó la hoja, la miró detenidamente y me preguntó: “¿Esto está escrito?”, y le dije que no, pero que podría desarrollarlo.
Desde entonces me propuse que, en algún momento, debía encarar ese entrecruzamiento, tal vez con la idea de demostrar la potencia de la instalación de los problemas sociales, ambientales y económicos que aquejan a las mayorías del mundo. Y que cuando tuviera el primer borrador aceptable, se lo acercaría a Mario para que me diera su opinión.
No podrá ser, pero me impongo la obligación espiritual de rendir un modesto homenaje a su figura, en lo que podrá ser una exposición simple, sin aspiraciones desmedidas, pero que tendrá, como dedicatoria, a Mario Cafiero, In Memoriam.
Ilustración: Matías Roffe















