Los avances tecnológicos nos sorprenden día a día. La robótica y la inteligencia artificial vienen cambiando satisfactoriamente varios aspectos de nuestras vidas. Lo podemos ver en el trabajo, la salud, la educación, el ocio, etc., pero también nos está deshumanizando. Somos más dependientes de las pantallas, de estar conectados, de tener internet y de las redes sociales. Esto nos está llevando a interacciones más superficiales y no empatizar. Sin embargo, la tecnología en sí misma no es deshumanizante, sino que el uso que le damos y las decisiones que tomamos con respecto a su uso son lo que puede tener un impacto negativo en nuestras relaciones y experiencias como seres humanos.
La tecnología no solo está cambiando la manera en que nos comunicamos, sino también como pensamos. No consumimos la información como antes, no la buscamos como antes ni la procesamos como antes.
Todo esto ha generado un cambio en la forma en que razonamos y analizamos la información y esto puede estar fomentando una interacción más impulsiva y menos reflexiva.
Las nuevas tecnologías nos ofrecen ventajas significativas en la comunicación, la posibilidad de conectar con personas de todo el mundo, acceder a información y compartir ideas de forma instantánea, estos son beneficios innegables. La clave radica en un uso consciente y responsable de estas herramientas, buscando equilibrar la velocidad y la inmediatez con la reflexión y el respeto por el otro. Que las nuevas tecnologías no nos lleven a hablar sin escuchar al otro; muchas veces se generan juicios de valor y exposición bajo el anonimato y sin medir las consecuencias de ese acto.
Es importante no perder la conexión cara a cara y el saludo. Comenzar una conversación escrita sin saludar se ha vuelto habitual. Enviamos un correo electrónico, iniciando el mismo con “Buen día, quería comentarles que…“ y la respuesta es OK. Sería bueno recordar viejos dichos como el de “Saluda que no dormimos juntos “. Agradecer tampoco estaría mal.
Entrenamos chatbots inteligentes y automatizados, que saludan, interpretan, personalizan la experiencia y agradecen, pero nosotros, como seres humanos, dejamos de hacerlo.
Si bien en la era digital, las formas de saludar han cambiado, desde los mensajes instantáneos hasta los emojis, lo que no ha cambiado es la importancia del saludo como elemento fundamental de la interacción humana.
El simple acto de saludar es algo que damos por sentado en nuestro día a día. Desde un apretón de manos hasta un simple gesto con la cabeza, estos intercambios breves son fundamentales para la conexión de las personas. En pueblos y entre personas mayores, el saludo frecuente es una manifestación de la importancia de las relaciones sociales y la construcción de un sentido de comunidad. Muchas veces nos reunimos y cada uno está mirando su celular, o su ordenador; frecuentemente en la misma reunión se envían entre los participantes mensajes por celular, en lugar de hablarse.
Es fundamental que las organizaciones potencien y alienten la evolución tecnológica, sin descuidar el conocimiento humano. Tener en cuenta la experiencia, la observación, la reflexión y las emociones de las personas, son factores esenciales, en un mundo que necesita que nos comuniquemos mejor.
Bienvenidos todos los avances tecnológicos y que los mismos estén a nuestro servicio y mejoren nuestra calidad de vida, pero no perdamos la imperfección y la riqueza de ser seres humanos.















