Por Horacio Federico Domínico *
Ilustración: Matías Roffé
Hace algún tiempo me pregunté qué podía decir sobre la juventud, sin caer en expresiones que son recurrentes cuando los adultos hablamos de los jóvenes, como aquello de que en la juventud está el futuro. ¡Vaya novedad!
Enseguida caí en la cuenta que mi respuesta justamente, no podía ser otra que esa afirmación: en la juventud está el futuro. Sin embargo, creo que la verdadera cuestión radica en que ese futuro no será cualquier futuro sino el que los mismos jóvenes edifiquen para protagonizar su madurez.
Pero, para que esa edificación cuente con los mejores cimientos, tienen que aspirar a constituirse en una juventud que no sea una mera repetición del pasado sino, al contrario, iniciadora de un proceso creador y constructivo.
Y para encarar ese trabajo trascendente, la juventud debe imponerse exigencias mayores que las habituales en sus entornos, alejándose de los facilismos de las facciones que viven con la posibilidad cierta de ser presa fácil de las resacas sociales como el alcoholismo, la drogadicción, la promiscuidad sexual, entre otras. Por eso la juventud tiene un punto que es determinante: la necesidad de dejarse influir. Dice Ortega y Gasset, al que vengo siguiendo en estas reflexiones, que “una juventud hermética que no se deja penetrar por formas ejemplares de vida renuncia a formarse el tesoro interior de ideas y emociones que han de operar luego como magníficos resortes orgánicos”. Más adelante el filósofo español acota: “Pero esa necesidad biológica de dejarse influir que siente toda sana juventud le obliga a cultivar en sí un fino instinto de elección. Sobre todo cuando se trata de influencias intelectuales”.
Y la juventud tiene en el mutualismo, precisamente, la posibilidad de elegir un repertorio de ideas claras y firmes que, sustentado en los valores de ayuda mutua, responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad, ejes entrañables de sus principios, se resume como una de las mejores herramientas con que cuenta la sociedad para que las personas puedan hacer plenamente realidad sus posibilidades y vivir en forma productiva y creadora de acuerdo con sus necesidades e intereses. Así, con esa juventud, no me cabe duda, tendrá también futuro el mutualismo, que lo imagino renovado y vigoroso, sí, pero siempre fiel a sus valores y principios fundacionales.
* Licenciado en cooperativismo por la Universidad del Museo Social Argentino; Profesor en ciencias sociales por el Instituto Superior del Profesorado “San Agustín” y postgrado en Gestión de las instituciones educativas por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales – Sede Académica de Argentina.















