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El uso excesivo de pantallas de artefactos electrónicos afecta la salud de los niños

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Dr. Mario F. Bruno
Dr. Mario F. Bruno
Presidente de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico; Vicepresidente de la Sociedad Argentina de Cancerología; Presidente del Comité de Cuidados Paliativo de AMA (Asociación Médica Argentina); Presidente del Comité AntiTabaco de AMA Vicepresidente de UATA (Unión Antitabáquica Argentina); Director de los cursos anuales de 1) Periodismo Médico 2) Cancerología, 3) Cuidados Paliativos (AMA); Miembro Emérito de ASCO (American Society Clinical Oncology); Miembro Titular de ESMO (European Society Clinical Oncology); Director Médico de Medicron S.A. (Centro Oncológico)

Cuando los niños emplean en forma prolongada teléfonos móviles, computadoras, tablets y televisores, puede tener varios efectos perjudiciales que dependen de la cantidad del tiempo que pasan frente a las pantallas de los citados artefactos, del contenido que consumen y de si se toman medidas para balancear ese tiempo con otras actividades. Dentro de los efectos perjudiciales, el impacto en el desarrollo cognitivo es uno de los más notorios. El uso excesivo de pantallas, especialmente en niños pequeños, puede interferir en el desarrollo del lenguaje, la memoria y las habilidades sociales, ya que desplaza el tiempo que podrían dedicar a actividades más interactivas, como la lectura o el juego creativo.

Otra área que puede resultar afectada es el sueño. La exposición a la luz azul de las pantallas, especialmente antes de dormir, puede alterar los ciclos de sueño, haciendo que los niños tengan dificultades para conciliar el sueño o para dormir profundamente. Además, el consumo excesivo de contenido rápido y sobre estimulante puede afectar la capacidad de atención de los niños, haciéndolos más propensos a tener problemas de concentración en tareas más lentas o menos estimulantes, como la lectura o la escuela.

Otra problemática asociada es el sedentarismo que contribuye al aumento de peso y a la obesidad infantil. No escapa a la problemática la salud mental: el uso excesivo de redes sociales y videojuegos en los niños puede estar vinculado a una mayor incidencia de problemas de ansiedad, depresión y baja autoestima, especialmente cuando están expuestos a contenido negativo o comparaciones sociales.

La lista de efectos perjudiciales continúa. La interacción con dispositivos electrónicos puede reducir las oportunidades para que los niños desarrollen habilidades socioemocionales. Esto se debe a que gran parte de las habilidades sociales se adquieren mediante la interacción cara a cara, donde se aprenden señales no verbales como el tono de voz, el contacto visual y la empatía.

Otro aspecto a tener en cuenta es la regulación emocional. Se dificulta que los niños aprendan a regular sus emociones, ya que pueden recurrir a la tecnología como una forma de distracción o evasión en lugar de enfrentarse a emociones difíciles. También, el impacto pude afectar la creatividad y el juego libre: muchos videojuegos y aplicaciones digitales tienen una estructura rígida, lo que puede limitar la creatividad del niño. Los juegos tradicionales, en contraste, fomentan el pensamiento libre y la resolución creativa de problemas.

Es importante subrayar la disminución del tiempo que los niños pasan al aire libre, lo cual es crucial para su desarrollo físico, mental y emocional. Según estudios neurológicos, la exposición excesiva a pantallas durante los primeros años de vida puede afectar la neuroplasticidad del cerebro. El cerebro de un niño se desarrolla rápidamente durante los primeros años, y un exceso de estímulos visuales rápidos (como los que proporcionan los videojuegos y las aplicaciones) puede modificar la forma en que los circuitos neuronales se organizan, afectando el desarrollo de habilidades como la memoria, la atención sostenida y el control de impulsos. Un efecto poco conocido es la adicción a la dopamina: los videojuegos, las redes sociales y las aplicaciones están diseñados para liberar dopamina (la “hormona del placer”) en el cerebro, lo que puede llevar a un comportamiento adictivo, sobre todo en niños y adolescentes cuyo cerebro todavía está en desarrollo.

En cuanto a los ojos, pueden provocar fatiga ocular digital. Los niños que pasan muchas horas frente a las pantallas pueden sufrir de fatiga ocular digital, que incluye síntomas como ojos secos, visión borrosa y dolores de cabeza. Esto es especialmente problemático cuando los dispositivos se utilizan a corta distancia y durante largos períodos sin pausas. Finalmente, la actitud postural, encorvada por el uso prolongado de dispositivos electrónicos, además de provocar dolores en el cuello, los hombros y la espalda, puede afectar el desarrollo musculoesquelético de los niños. Frente a esta problemática, las recomendaciones sugeridas son: 1) Limitar el tiempo y equilibrarlo con actividades físicas, sueño y tiempo en familia. 2) Supervisar el contenido para que consuman contenido adecuado a su edad y que fomente el aprendizaje y el desarrollo positivo. 3) Balancear con otras actividades, fomentando actividades fuera de las pantallas, como el juego físico, la lectura, el arte y el tiempo al aire libre. 4) Una buena táctica es designar ciertas áreas del hogar como libres de dispositivos electrónicos (por ejemplo, el comedor o los dormitorios) Esta limitación puede fomentar el tiempo en familia y el descanso de las pantallas. Todo lo que podamos hacer para el uso adecuado y responsable de las pantallas va a redundar en una mejor salud de los niños.

Ilustración: Matías Roffe

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