Por Pablo Rocha (Secretario de la Federación de Mutuales Regional La Plata y Tesorero de CONAM)
Hablar de expectativas del mutualismo de cara a 2026 implica, necesariamente, detenerse a analizar el contexto en el que hoy desarrollan su tarea miles de entidades a lo largo y a lo ancho del país. Un contexto atravesado por dificultades económicas, transformaciones tecnológicas aceleradas y cambios profundos en las formas de organización social. Sin embargo, lejos de una mirada pesimista, el mutualismo argentino ha demostrado históricamente una enorme capacidad de adaptación y resiliencia.
Las mutuales (y las cooperativas) nacieron para dar respuesta allí donde el mercado y el Estado no llegaban, y esa razón de ser sigue plenamente vigente. Por eso, más que preguntarnos si el mutualismo tiene futuro, la pregunta correcta es ¿qué tipo de mutualismo queremos construir hacia 2026 y los años siguientes?.
Uno de los ejes centrales hacia 2026 es seguir profundizando la construcción de condiciones de previsibilidad y estabilidad institucional que permitan a las mutuales planificar, invertir y proyectar su crecimiento. Contar con marcos normativos adecuados y con espacios de diálogo permanente entre el Estado y las entidades resulta clave para consolidar un sector sólido, sostenible y capaz de ampliar derechos. En este camino, la previsibilidad no solo fortalece a las instituciones, sino que se traduce directamente en mejores y más accesibles servicios para millones de asociados en todo el país.
En paralelo, la modernización de la gestión aparece como un desafío ineludible. Incorporar herramientas tecnológicas, avanzar en la digitalización de procesos y adoptar nuevas formas de organización no implica resignar los valores históricos del mutualismo, sino todo lo contrario: permite fortalecerlos. El desafío está en lograr que la innovación esté siempre al servicio de las personas, mejorando la eficiencia, la transparencia y el alcance de los servicios, sin perder el vínculo humano que caracteriza a las entidades mutuales.
Otro aspecto central de cara al futuro es la formación y capacitación dirigencial. La vocación solidaria debe complementarse con profesionalización, planificación estratégica y capacidad de gestión. Desde las federaciones y confederaciones venimos impulsando espacios de formación, articulaciones con universidades y programas de capacitación que permitan fortalecer a las entidades, garantizando una conducción preparada para afrontar contextos complejos sin perder la identidad solidaria.

El recambio generacional también ocupa un lugar prioritario en la agenda del mutualismo. La participación activa de jóvenes no puede pensarse solo como una apuesta a futuro, sino como una necesidad del presente. Los jóvenes aportan nuevas miradas, lenguajes y herramientas, y su incorporación a espacios de conducción representa una oportunidad para revitalizar al sector, integrando innovación y tecnología con los valores históricos de la ayuda mutua, la solidaridad y la participación democrática.
De cara a 2026, será fundamental profundizar la integración entre entidades. La cooperación entre mutuales, federaciones y confederaciones permite optimizar recursos, compartir servicios, ampliar el alcance territorial y generar verdaderas economías de escala solidarias. Pero esta integración no debe pensarse únicamente hacia el interior de la economía social, sino también en diálogo con otras formas jurídicas y actores del entramado productivo y social, tal como lo vienen señalando referentes y autoridades del propio INAES.
En un mundo cada vez más complejo, resulta necesario superar la lógica de la competencia tradicional y avanzar hacia esquemas de coopetición o coopetencia, donde organizaciones que incluso pueden competir en determinados ámbitos colaboran en otros para generar beneficios mutuos. En definitiva, cuando las entidades cooperan, más allá de su forma jurídica, quienes resultan beneficiados son los asociados y los usuarios de los servicios, fortaleciendo así el impacto social y comunitario de cada organización.
Finalmente, creo que el mayor desafío y, a la vez, la mayor fortaleza del mutualismo es seguir siendo fiel a su esencia en un contexto de cambios permanentes. La solidaridad, la ayuda mutua, la democracia interna y el compromiso con la comunidad no son conceptos del pasado, sino valores profundamente actuales y necesarios.
El mutualismo tiene todo para ser protagonista en la Argentina que viene; el desafío no es resistir, sino construir, con responsabilidad, diálogo y visión de futuro, un mutualismo más fuerte, más integrado y más visible para toda la sociedad.












