Del dicho al hecho

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Domingo Godoy
Domingo Godoy
Contador Público Nacional y Perito Partidor, UNC Maestría en Educación en la UM. Especialización FUNDACIÓN KONRAD ADENAUER en Alemania y Diplomado Especializado en Descentralización y Desconcentración en el Institut Internationale D’Administration Publique (I.I.A.P) de Francia. Ex Director del INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social). Ha realizado publicaciones sobre Economía Política y es autor del "Manual de Economía Social". Ha publicado documentos de esta especialidad.

Hay sentencias que, por repetidas, no pierden vigencia. Los dichos populares reflejan -en muchas oportunidades- la sabiduría colectiva. Ésta queda plasmada en palabras o frases que encarnan lo que muchas veces ha sucedido, de tal manera que su aplicación muestra -en gran medida- la verdad. Queremos acompañar una breve muestra.

Hemos perdido la costumbre de reflexionar sobre los dichos populares…Muchas personas optan por denostar esos mensajes, identificándolos entonces como “lugares comunes”. Vale decir, frases que se dicen -reconocemos que un poco “a la ligera”- para llenar vacíos en conversaciones o alargar esperas tediosas y silencios inexplicables. Charlas insulsas, inconducentes, llevadas adelante por individuos que no valoran la importancia del silencio y expresan situaciones en las que la gente prefiere decir estas locuciones, antes que quedarse calladas. Pero… algunas veces, reflejan lo que está ocurriendo.

En esta oportunidad, mostraremos que -en la vida cotidiana de los voluntarios y de la economía social- hay momentos en los que esos dichos son aplicables perfectamente.

Optamos por dirigirnos a nuestro sector, porque es el que utiliza el idioma en el que nos entendemos. No siempre el ámbito del individualismo o de las empresas de capital coincide con los contenidos de nuestras palabras.

Hemos repetido que las entidades sobreviven y se desarrollan -ordenada y equitativamente- con nuestra presencia, nuestra colaboración y con la participación, que es indispensable. Hay que “tomar el toro por las astas” y” poner el pecho a las balas” cuanto haga falta. Además, es preciso crear ese hábito de “dar de sí mismo” y no el hábito de dar simplemente el consentimiento…esperando que de él no derive ninguna obligación práctica.

La incorporación de asociados y al dar su alta en los Consejos o Comisiones Directivas, quizás los haga sentir como “sapo de otro pozo”1, pero el ejercicio participativo, permite llevar adelante sus gestiones, reconociendo que “al mal tiempo, buena cara”2. Igual sucede cuando se quiere constituir una cooperativa, una unión vecinal o club de fomento y uno es vecino nuevo: nos podremos sentir como “pez fuera del agua” …pero la voluntad en acción, mejora la situación.

Uno de los aspectos importantes es saber reconocer que la gestión de estas organizaciones intermedias, tiene al bien común como fin. Debe ser custodiada y no caer en las trampas de los gobiernos que las hacen ser parte del “pan y circo”3. El “pan y circo” reduce al ciudadano a espectador. La destrucción de estos entes culmina en la carencia de una sociedad organizada, en la que el egoísmo y la ambición se posicionan, terminado los parámetros de éxito en que: “tanto tienes, tantos vales”4.

Estas conductas sociales, desarrolladas desde hace tiempo en las comunidades, percuten en las personas y las familias que terminan -después de las políticas públicas nefastas- siendo los “chivos expiatorios”5. El “chivo expiatorio” evita asumir responsabilidades compartidas. En otras palabras “pagan justos por pecadores”6…pero al margen del refranero humorístico que ensayamos en la nota: eso no es equitativo… ¡hace mucho que no lo es!

La necesidad de recurrir al pan y circo o al chivo expiatorio manifiestan esa sociedad débilmente organizada, incapaz de identificar y resolver las causas profundas de sus dificultades. En ese contexto, los problemas invisibles permanecen sin solución mientras la atención se dirige hacia distracciones o culpables circunstanciales. Una sociedad puede ser manipulada tanto mediante distracciones (“pan y circo”) como mediante la búsqueda de culpables (“chivos expiatorios”), evitando así discutir las complicaciones estructurales reales, evadiendo responsabilidades colectivas.

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1 Es muy antiguo en el habla popular rioplatense (Argentina y Uruguay), desde mitad del siglo XX.

2 Origen español y se conoce desde hace varios siglos.

3 Panem et circenses («pan y espectáculos»). Fue utilizada por el poeta romano Juvenal en el siglo I d.C.

4 Aparece ya en la literatura medieval española y en la sabiduría popular europea.

5 Tiene origen en la Biblia, en el Antiguo Testamento (Libro del Levítico, capítulo 16).

6 La idea aparece ya en el Antiguo Testamento, especialmente en el relato de Abraham intercediendo por Sodoma,

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