viernes 17 | abril 2026
17.5 C
Buenos Aires

Debate en torno al PBI

Recomendadas

Jorge Pedro Núñez
Jorge Pedro Núñez
Licenciado en Cooperativismo y Mutualismo (UNSE). Presidente del CGCyM (2018-2020). Conferencista, docente, investigador especialista en formulación de proyectos.

Primera parte:

Es poco probable que haya quien ignore por completo la existencia de, al menos, la sigla “PBI”. También es probable que haya mucha gente que sepa que el PBI es la suma de todas las transacciones acumuladas de bienes finales y servicios de un país. Con este dato se pretende medir el nivel de actividad económica, y, a falta de otro parámetro reconocido, considerarlo como un indicador natural del bienestar de una sociedad. Se concluye prácticamente sin discusión que, si el PBI aumenta, la vida va bien. Lo contrario si disminuye.

El propio creador de este indicador[1] advirtió que el PIB[2] era solo una medida del nivel de actividad económica y no debía confundirse con una medida del bienestar social o incluso económico. Unas décadas más tarde, Robert F. Kennedy pronunció un discurso en el que afirmó que la obsesión con el crecimiento del PIB era peligrosa.

En este punto es necesario mencionar la diferencia entre crecimiento y desarrollo, según Economipedia:

Fuente: Economipedia (IDH: Índice de Desarrollo Humano)

En primer lugar, el crecimiento económico es entendido como la evolución positiva de los estándares de vida de un territorio, habitualmente países, medidos en términos de la capacidad productiva de su economía y de su renta dentro de un periodo de tiempo concreto. En otras palabras, la evolución positiva de una serie de indicadores, como el PIB, que muestran que la producción y, por tanto, los ingresos de la población crecen con el paso del tiempo.

Por otro lado, y, en segundo lugar, el desarrollo económico es un concepto que se refiere a la capacidad que tiene un país de generar riqueza. Sin embargo, este crecimiento debe reflejarse en la calidad de vida de los habitantes. En otras palabras, el desarrollo debe percibirse con una mayor esperanza de vida, una menor desigualdad económica, una reducción total de la pobreza, así como el favorable comportamiento de otra serie de variables que el crecimiento no tiene en cuenta.

Se observa claramente que “crecimiento” hace referencia a una acumulación cuantitativa, mientras que “desarrollo” presenta una connotación cualitativa relacionada con la calidad de vida de las personas.

Los grupos económicos que dominan la mayor parte de la economía mundial enfatizan la importancia del PIB, e incluso, y especialmente, el Fondo Monetario Internacional, organismo prestamista cuyo fin es el de cobrar sus acreencias con más sus intereses por sobre el bienestar de una población. De aquí sacamos la siguiente conclusión: el FMI les presta a los países para que “crezcan”, no para que se “desarrollen”, para sostener por tiempos indeterminados la condición de deudor; porque un país que se desarrolle no necesitará someterse al control de ese organismo multilateral, y emergerá, con el tiempo, como un competidor para las potencias mundiales.

Hay algo más que reviste importancia: el crecimiento elude las consideraciones sobre el cuidado ambiental, y es fácil comprender que la explotación de los recursos naturales no puede ser indefinida, cuestión que en los parámetros de explotación ortodoxa no es debidamente considerada. Pero también el desarrollo presenta una arista discutible, porque el bienestar de una población no depende únicamente de la distribución de la riqueza, sino del uso racional de los recursos, renovables y no renovables.

Aparentemente, arribamos a un punto en el que tenemos que afrontar la paradoja: si no hay crecimiento, no hay desarrollo. Es una contradicción que nos interpela, en tanto habitantes de un planeta que no resistirá la explotación indefinida, y que por lo tanto nos obliga a resolver este enigma. Y al mismo tiempo observar lo que dijo Gregory Bateson[1]: “Los grandes problemas del mundo son el resultado de la diferencia entre cómo funciona la naturaleza y cómo piensan las personas”.

Hay que afrontar la contradicción, aceptándola, en primera instancia. Y emplear la única herramienta posible para evitar al máximo el colapso, que es la de gestionar la situación con imaginación y decisión; imaginación, para afrontar el problema con nuevos enfoques, y decisión, para imponer las soluciones posibles a quienes resistan desde la mezquindad de su existencia temporal.


Últimas noticias

Comunicado de la Cooperativa de Electricidad y Afines de Gualeguaychú Ltda.

Compartimos comunicado de la institución: Ante el intento de generar confusión y desgaste institucional a partir de un amparo que...

Noticias relacionadas