Durante mayo de 2026, el Semáforo de Economías Regionales registró 4 actividades en verde, 7 en amarillo y 8 en rojo. En comparación con el mes anterior, no se registraron pasajes de las economías entre los colores del semáforo, y se mantiene estable respecto al mes anterior.

El semáforo analiza tres componentes: negocio, productivo y mercado. El primero evalúa la evolución del precio y el costo, tanto mensual como interanual. El segundo mide el área o stock, según corresponda, y la producción. Y el último, la evolución de las exportaciones y las importaciones de las producciones, así como el consumo interno.
Entre las actividades en rojo permanecen yerba mate, arroz, vino y mosto, hortalizas y algodón, maní, leche y mandioca. En la mayoría de estos casos, el problema principal está en el componente de negocio: los precios que reciben los productores se mantuvieron prácticamente estancados o crecieron por debajo de la inflación y del aumento de los costos operativos. Esto termina deteriorando la rentabilidad y dificulta la recuperación de estas actividades.
Las actividades en verde incluyen bovinos, ovinos, granos y miel. En todos estos sectores se observó un buen componente de negocio, con precios que crecieron por encima de la inflación, aunque con alerta en el caso de granos por la disparada de precios de los fertilizantes nitrogenados y el gasoil. Este resultado se complementó con un buen desempeño en los mercados y con indicadores productivos que acompañaron.
Las actividades que permanecieron en amarillo fueron forestal, maní, leche, tabaco, cítricos dulces, peras y manzanas, aves, porcinos y papa. Estos sectores presentaron señales mixtas: los precios no lograron acompañar la inflación, la demanda se mantuvo estable o con poca dinámica y los costos continuaron elevados. Esta combinación derivó en períodos de recuperación prolongados y en dificultades para consolidar mejoras sostenidas.
SEMÁFORO EN PERSPECTIVA HISTÓRICA
El semáforo de economías regionales se publica mensualmente desde hace más de ocho años, lo que permite evaluar el desempeño de las distintas actividades en una perspectiva de largo plazo. En ese período, 8 de las 19 economías relevadas permanecieron en situación crítica (rojo) durante más de la mitad del tiempo. Entre los casos más comprometidos se destaca la vitivinicultura, que registró indicadores en rojo en más del 72% de los meses analizados. Le siguen la actividad lechera, arrocera y citrícola, con el 64%.
En contraste, algunas actividades mostraron trayectorias más favorables. Las carnes bovinas, porcina y aviar se ubicaron en verde en una proporción significativa de los meses relevados (49% en bovinos y porcinos 47%, y 41% en aves). A este grupo también se suman la producción manisera (38%) y el complejo granario (47%), mostrando un mejor desempeño en el período desde que se elabora el relevamiento.
Particularmente relevantes son los casos de las economías vitivinícola y yerbatera, que atraviesan prolongados períodos de crisis. La vitivinicultura acumula 41 meses consecutivos en color rojo, desde enero de 2023 hasta el presente relevamiento correspondiente a mayo de 2026, lo que representa más de tres años continuos en situación crítica. Por su parte, la actividad yerbatera registra 26 meses consecutivos en rojo, desde abril de 2024, reflejando más de dos años de deterioro sostenido en sus indicadores.

COMERCIO EXTERIOR DE LAS ECONOMÍAS REGIONALES
En los primeros cinco meses de 2026, las 19 actividades relevadas exportaron por USD 26.183 millones, lo que representa un incremento del 21% respecto del mismo período de 2025 (USD 21.606 millones) y un aumento del 36% en comparación con el promedio de los últimos diez años para igual período (USD 19.273 millones).
Dentro del ranking exportador, el principal protagonista volvió a ser el complejo granario (soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo), que concentró USD 20.609 millones, equivalentes al 79% del total exportado. Dentro de este complejo, la soja explicó el 48% del valor (USD 9.914 millones), seguida por el maíz con el 19,5% (USD 4.011 millones) y el trigo con USD 2.888 millones (14%). El girasol y la cebada aportaron el 11,6% y el 6%. En segundo lugar se ubicó la cadena bovina, con exportaciones por USD 2.323 millones, equivalentes al 7,6% del total. Más atrás se posicionaron la lechería, con USD 727 millones, y la actividad manicera, con USD 548 millones. La composición del ranking exportador se mantuvo prácticamente sin cambios respecto del mes anterior.
Por el lado de las importaciones, se registraron compras externas por USD 2.006 millones en los primeros cuatro meses del año, muy por debajo del nivel exportado. Para dimensionar esta relación, en los primeros 5 meses del año se exportó aproximadamente 13 veces lo que se importó (USD 26.183 millones vs. USD 2.006 millones). Al igual que en exportaciones, el complejo granario lideró las importaciones con USD 1.667 millones (83% del total), seguido por la actividad forestal con USD 77 millones. En tercer lugar, se ubicó el sector porcino, con USD 74 millones y seguido del bovino con USD 67 millones.
Los gráficos a continuación muestran la composición del comercio exterior diferenciando exportaciones e importaciones, excluyendo al complejo granario para facilitar la visualización del peso relativo del resto de las actividades. En el caso de las exportaciones, del total de USD
26.183 millones, USD 5.574 millones corresponden a las economías regionales sin el complejo granario. Para las importaciones, de los USD 2.006 millones totales se exhiben USD 339 millones bajo el mismo criterio de excluir a granos. En este caso el ratio exportaciones / importaciones es de 16 a 1, por cada 16 dólares exportados, se importó 1 dólar.

Cuando se comparan los datos con el promedio del mismo período de los últimos diez años algunos sectores muestran crecimientos significativos y otros retroceden.
Entre los sectores con mayor crecimiento exportador se destacó el arroz, cuyas ventas externas alcanzaron USD 230 millones, un 115% por encima de su promedio histórico (USD 107 millones) y en niveles similares a los registrados en igual período de 2025 (USD 223 millones). En segundo lugar se ubicó la actividad apícola, con exportaciones por USD 165 millones, un 87% superiores a su promedio histórico (USD 88 millones). Le siguió la actividad tabacalera, que acumuló exportaciones por USD 204 millones, registrando un incremento del 74% respecto de la media de la última década.
En sentido contrario, la actividad aviar evidenció la mayor contracción, con exportaciones por USD 46 millones, similares a las acumuladas el año anterior (USD 36 millones), un 69% por debajo de su promedio histórico para el período (USD 146 millones). La actividad forestal con exportaciones por USD 81 millones, se encuentra 14% por debajo de las exportaciones acumuladas en los primeros cinco meses de los últimos diez años (USD 94 millones), y por último la actividad vitivinícola donde acumulo exportaciones por USD 357 millones, 5% por debajo del promedio histórico del cuatrimestre (USD 374 millones).
En materia de importaciones, el mayor dinamismo se observó en la cadena bovina, cuyas compras externas alcanzaron USD 67 millones, un 167% por encima de su promedio histórico (USD 25 millones) y un 57% superiores al acumulado de igual período de 2025 (USD 43 millones). Sin embargo, este incremento resulta poco significativo en términos estructurales, considerando que el sector genera exportaciones anuales superiores a USD 4.000 millones. También registraron aumentos la actividad mandioquera, con importaciones por USD 3,6 millones, un 79% superiores a su promedio histórico (USD 2 millones), y la actividad porcina, que acumuló compras externas por USD 74 millones, un 68% por encima de la media de los últimos diez años (USD 44 millones), aunque 8% por debajo del nivel registrado en igual período de 2025 (USD 80 millones).
Por el contrario, algunas actividades redujeron significativamente sus importaciones. El sector hortícola disminuyó sus compras externas de un promedio histórico de USD 9,5 millones a USD 3,2 millones (-66%), mientras que el arroz pasó de USD 1,6 millones a apenas USD 0,6 millones (-61%) y la actividad manicera registró una caída del 72%. No obstante, pese a la magnitud de estas variaciones en términos porcentuales, se trata de montos relativamente reducidos: en conjunto, las importaciones de estos sectores representan menos del 1% del total importado por las actividades relevadas.

En la mayoría de las economías regionales, las importaciones representan una fracción mínima en relación con las exportaciones, lo que refuerza el perfil estructuralmente superavitario de estos sectores. No obstante, existen casos puntuales donde la balanza comercial resulta deficitaria o donde la competencia con productos importados adquiere relevancia.
Por un lado, se destacan las economías de generadoras netas de divisas, en las que las importaciones son marginales frente a las exportaciones. Dentro de este grupo, las actividades manicera, arrocera, apícola, ovina y de peras y manzanas presentan los mayores superávits, con una incidencia de importaciones inferior al 1%. Un caso emblemático es el sector apícola, que en 2025 prácticamente no registró importaciones y acumuló exportaciones por USD 240 millones. En arroz, las importaciones representaron apenas el 0,8% del valor exportado (USD 3,6 millones frente a USD 427 millones), mientras que en la actividad ovina las compras externas alcanzaron solo el 0,7% de las exportaciones (USD 1,8 millones frente a USD 257 millones).
En un segundo escalón dentro de este grupo se ubican actividades como la bovina, lechera y papera, donde la participación de las importaciones oscila entre el 1% y el 3%. En el caso de la carne bovina, si bien las importaciones crecieron un 282% interanual, su incidencia continúa siendo baja, representando apenas el 2,1% de los USD 5.061 millones exportados.
Finalmente, dentro de las economías superavitarias también se encuentran aquellas donde las importaciones tienen un peso algo mayor (entre el 3% y el 10%) como es el caso de los granos, principal complejo exportador, cuyas importaciones alcanzaron USD 2.391 millones en 2025, equivalentes al 5,1% de sus exportaciones. Aquí pesan mucho las importaciones temporarias de soja provenientes de Paraguay.
Un segundo grupo corresponde a los sectores con presión importadora, donde las importaciones presentan una participación significativa respecto a las exportaciones, aunque en general son actividades que exportan una porción menor de su producción, por lo que la incidencia de las importaciones en el mercado interno tampoco es tan significativa. En este segmento se destaca la yerba mate, que acumuló importaciones por USD 23 millones en 2025, equivalentes al 18% de sus exportaciones (USD 127 millones). Asimismo, las hortalizas registran un ratio importación / exportación del 36%, mientras que la actividad avícola presenta un peso de las importaciones del 44%. Por su parte, el algodón evidencia una de las mayores presiones externas, con importaciones por USD 110 millones frente a exportaciones por USD 142 millones, lo que representa un ratio del 77%.
Por último, se identifican las economías deficitarias, en las que el ingreso de divisas resulta insuficiente para cubrir el gasto en importaciones, reflejando una mayor dependencia del exterior o una limitada inserción exportadora. La mandioca presenta una situación extrema, con exportaciones prácticamente nulas frente a importaciones por USD 3,8 millones. En porcinos, las compras externas equivalen al 549,6% de las exportaciones (USD 164,9 millones frente a USD 30 millones), mientras que en el sector forestal las importaciones representan el 112,3% de las ventas externas.

PARTICIPACIÓN DEL PRODUCTOR
En esta sección se analiza qué proporción del precio final que paga el consumidor corresponde al productor para once productos: carnes bovina, porcina, aviar y ovina, trigo (pan), arroz, yerba mate, vino, papa y hortalizas.
El indicador permite comparar la porción del precio de “góndola” que recibe el productor en el mes analizado con el promedio registrado para ese mismo mes en años anteriores. De esta manera, se identifica si la participación actual se ubica por encima o por debajo de su comportamiento histórico. En mayo de 2026, 4 de las 11 actividades registraron una participación del productor superior a su promedio histórico para el mismo mes: papa, hortalizas, porcinos y ovinos. En contraste, las 7 actividades restantes mostraron una menor participación del productor en el precio final respecto de sus valores históricos.
Dentro de los productos pecuarios, las actividades porcina y ovina fueron las que presentaron los mejores resultados. En la cadena porcina, el productor recibió el 37% del precio final, 2 puntos porcentuales por encima del promedio de los últimos cinco años para mayo (35%). En la cadena ovina, la participación alcanzó el 22%, superando en 2 puntos porcentuales su promedio histórico (20%). Por el contrario, en el resto de las actividades (bovina, aviar y lechera) la participación del productor es menor respecto a sus participaciones históricos. En la cadena bovina y aviar, el productor captó el 58% y 40% del precio final, frente a un promedio histórico cercano al 62% y 44%, mostrando una menor participación en 2 puntos porcentuales para ambas economías. En la actividad lechera, la participación alcanzó el 23%, ubicándose 5 puntos porcentuales por debajo del promedio histórico (28%).
En los productos regionales también se observó, en general, una menor participación del productor respecto de los valores históricos, especialmente en yerba mate y vino, con diferencias que alcanzan los 11 puntos porcentuales. En vino, la participación actual se ubicó en 13% versus 24%; mientras que en yerba mate alcanzó el 13%, comparado con su participación histórica del 25%. En el caso del trigo, medido a través de su participación en el precio del pan, el productor recibió el 9% del precio final, 3 puntos porcentuales por debajo del promedio histórico (12%). Por su parte, el arroz registró una participación del 16%, también inferior en 3 puntos porcentuales respecto de su promedio histórico (19%).
Las diferencias de participación entre productos responden, en gran parte, a cómo está organizada cada cadena productiva. En aquellas con mayor nivel de industrialización o transformación, como el trigo, la yerba mate o el vino, la participación del productor suele ser menor, ya que el producto pasa por varios procesos antes de llegar al consumidor final. En cambio, en productos con menor nivel de procesamiento, como algunas hortalizas o la papa, la proporción que queda en manos del productor suele ser mayor. También inciden los costos de cada una de las etapas, esto se verifica principalmente en las participaciones relativamente altas del productor en las carnes, donde los costos de producción primaria pesan mucho en los costos finales de toda la cadena.














