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Profundicemos nuestra identidad cooperativa

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Economía Solidaria es un medio de prensa especializado en el sector cooperativo y mutual argentino que reúne las noticias más relevantes del campo asociativo, en favor de su fortalecimiento, integración y visibilidad. Propiedad del Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo (CGCyM)

por Cr. Juan José Carrizo

ACI – Seul – 2021 – Ciclo FACC – Bahía Blanca

En 1833, a sólo cinco años de haberse  fundado un pequeño fuerte en Bahía Blanca, Argentina, llega el joven Charles Darwin, quien encontró -en la cercana costa de Punta Alta-  las evidencias que dieron luz inicial de apoyo a su teoría de la evolución.

      Y así como los seres humanos sabemos que no podemos resignarnos a ser la última instancia de esa evolución, las organizaciones cooperativas también deberán evolucionar si se quiere que  sigan existiendo, en un mundo económico-social  que se encuentra en pleno  cambio, acelerado desde 2020 por una pandemia mundial.

     Es bueno recordar que los temas teóricos, como  reflexionar sobre su identidad en el caso de las cooperativas, son de la más alta practicidad, pues sirven para resolver cuestiones de la realidad, que necesitan de tales auxilios como fundamento.

     Si para los humanos, la evolución comprende la expansión de su mente en la concepción de los valores que otorgan sentido a su existencia, otro tanto  ocurre con la creación de personas jurídicas como las cooperativas: de las que hay que asumir en profundidad su identidad, tan ligada a sus valores y  al funcionamiento democrático, para no correr el constante riesgo de reducirse a ser un mero envase de necesidades sociales, en tanto el poder político de turno las autorice a funcionar.

Los Pioneros de Rochdale no se limitaron a concebir un local para su abastecimiento pues habían proyectado: “tan pronto como sea posible, la entidad procederá a organizar las fuerzas de la producción, de la distribución, de la educación y de su propio gobierno; o en otros términos, establecerá una colonia autosuficiente, que se bastará a si misma, en la cual los intereses estarán unidos. La entidad ayudará a las otras sociedades cooperativas para establecer colonias similares”.

Ellos se concebían como una fuerza de transformación social integrada a una comunidad de iguales. 

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En 1966, el Informe de la Comisión de la ACI para la revisión de los Principios Cooperativos, cuyo relator fue William Watkins, señaló: “En todos los tiempos el elemento común ha sido el hecho de que los mejores propósitos de la cooperación van más allá de promover simplemente los intereses de sus socios individuales. Su finalidad es más bien promover el progreso y el bienestar de la humanidad”.

 Sven Ake Böök en  su Informe sobre los valores cooperativos para el futuro    y su impacto en los principios del cooperativismo, presentado  al Congreso de la ACI (Tokio 1992), advertía que “en las últimas décadas el Movimiento Cooperativo  ha experimentado profundos cambios y debemos esperar cambios más radicales en el futuro”.

Al llegar a su Centenario la ACI “concluyó una nueva revisión de los valores y principios sobre los cuales las cooperativas fundan sus actividades”. Su Asamblea General (Manchester, 1995),  trató una “Declaración sobre la identidad cooperativa”, que presentara el canadiense Ian MacPherson.

Los asambleístas la aprobaron “a fin de posibilitar a la gente tener más control sobre su destino económico y social” y para que las cooperativas pudieran ser “más importantes para mayor cantidad de población”.

Cuando en 2011 el sector de las Américas de la Alianza propuso considerar “la enmienda del séptimo Principio”, la ACI crea el Comité de Principios, integrado por ocho miembros, entre ellos el argentino Dr. Dante Cracogna,  quienes  -después de tres años de trabajo- formularon las “Notas de orientación para los Principios Cooperativos”, presentadas en 2015.     

     Ahora, en vísperas de un nuevo Congreso (Seúl, 2021) la Alianza Cooperativa Internacional convoca a “profundizar la identidad cooperativa”, y reenvía a la “Declaración sobre la Identidad Cooperativa”, donde se enuncian los “valores de autoayuda, auto responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad como basamento de las cooperativas, y a los “valores éticos de honestidad, apertura, responsabilidad social y preocupación por los demás”, como los sostenidos por los asociados de las cooperativas.                                                                                                                                  

En la Introducción a las “Notas de orientación para los Principios Cooperativos”, se afirma que: “Nuestros valores son inmutables, pero la aplicación de los Principios cooperativos necesita una reevaluación constante que acompañe los cambios y retos económicos, sociales, culturales, medioambientales y políticos”.

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Los dos aspectos fundamentales de la identidad cooperativa, como son los valores y principios, nos obligan a reflexionar sobre los mismos, pues constituyen la columna vertebral sobre la que se estructuran las organizaciones cooperativas en sus múltiples servicios y distintos grados de integración.  De su observancia y de su práctica surgirá la necesaria profundización de la identidad buscada.

En cuanto a la inmutabilidad de los valores, debe manifestarse que ello no significa que no se pueda  enriquecerlos con los que, por estar implícitos en el ideal de los Pioneros, se encuentran aún inexpresados.

Sobre los Valores y Principios Cooperativos

            El Dr. Alexander F. Laidlaw en su informe al Congreso de la ACI (Moscú 1980) destacaba “que no revemos nuestra ideología (cooperativa) sólo para repetirla, sino para examinarla en forma crítica, algunas veces para defenderla, pero también es necesario para revisarla y permitirle su evolución”.

Cuando la ACI plantea “profundizar” la identidad cooperativa, es evidente que llama la atención y advierte a los asociados y, en especial, a los dirigentes electos y a los administradores contratados, que el mero enunciado de los valores y principios, pierden relevancia si no se los somete a  una verificación altamente exigente. Pero cabe aquí la advertencia de los doctrinarios, que recomiendan actuar -en este trascendente tema- con la prudencia que evita las adaptaciones circunstanciales y transitorias.

     Ya en la revisión de los Principios, llevada a cabo por la ACI en 1966, se afirmó que los mismos “no se asocian arbitrariamente o por casualidad. Ellos forman un sistema y son inseparables. Ellos se sostienen y se refuerzan recíprocamente”.

     El cooperativismo es un sistema y como tal debe conservar su condición de conjunto de elementos que, ordenadamente relacionados entre sí, contribuyen a cumplir el objeto social de los servicios de sus distintas entidades, sin perder de vista la pasión por la justicia social y la transformación sustentable de la sociedad”.  

Estamos viviendo momentos históricos en los que la reflexión más habitual lleva a preguntar sobre lo que puede pasar, incógnita que resulta ser paralizante si nos condicionamos a la espera de una diversa y dilatada resolución.

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 Frente a ello, la exigencia es resolver lo que vamos a hacer, tanto en el orden personal, como en el de las organizaciones con las que estamos relacionados. Y esto se comprueba si nos damos cuenta que nuestra insignificancia individual es probable que consiga sobrevivir,  pero más complejo es para las entidades de interés social, las que resultan muy difíciles de reconstruir si se estancan o destruyen total o parcialmente.

El Informe Oxfan de enero 2021 expresa: “La pandemia de coronavirus tiene el potencial de agravar la desigualdad en prácticamente todos los países del mundo al mismo tiempo, una situación sin precedentes desde que existen registros”. Su reclamo es “recomponer un mundo devastado por el coronavirus a través de una economía equitativa, justa y sostenible”.   

La Alianza Cooperativa Internacional ya tenía estos fines y adhirió a los diecisiete objetivos oportunamente enunciados por las Naciones Unidas.  

Enorme responsabilidad dirigencial implicará sostener en pie y saludables a las cooperativas, con simultáneo aporte a la reconstrucción de las sociedades en las que actúan como agentes de un cambio que reclaman sus poblaciones, en las que se cuentan casi dos mil millones de personas, como componentes de su masa asociativa y laboral.

El marco internacional no es favorable, si tenemos en cuenta los informes que indican que el mundo está más fragmentado, conflictivo y tendiente a aumentar su belicosidad.

Analistas de estas cuestiones indican que en la sociedad civil de muchos países, se advierte que las personas pueden incrementar su gravitación cuando se cuenta con actores que poseen habilidad para trabajar juntos, aún si  sus integrantes piensan distinto pero son capaces de alcanzar consensos que los vuelven eficazmente operativos. Y que tales conexiones asociativas son capaces de impulsar cambios positivos para el conjunto de la comunidad. Richard Sennett, entre otros, subraya: “la cooperación  mejora la vida social”.

Se verifica que las empresas de la economía social se incluyen protagónicamente en esa visión prospectiva y entre ellas las cooperativas son las más difundida expresión  de realizaciones cohesionantes y constructivas en todos los continentes.                                                                                                                                

   Las urgencias que derivan de la presente crisis pandémica, vuelve ineludible centrar la acción institucional de las cooperativas a partir de una cabal convicción sobre los contenidos que definen la propia identidad.

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¿Cómo profundizar la Identidad?

La forma práctica de profundizar de un modo visible la identificación visual y afectiva de y hacia las cooperativas, consiste en hacerlas cada día más eficientes en sus prestaciones a los asociados, ya que éstos son naturalmente sensibles a los avances y retrocesos  en la  operatividad de las organizaciones que les pertenecen.

En el mejor de los casos, es cierto que el éxito estimula, pero también vuelve cómodos a muchos asociados que creen que no hace falta una mayor participación en el uso y el gobierno de las mismas y se limitan a ser sus usuarios ocasionales. Temas, estos dos últimos, que encuentran en una buena educación cooperativa los remedios adecuados para volver a los miembros más responsables y consecuentes.

Lo dicho precedentemente es apenas un esbozo de temas que demandan otros análisis y disertaciones extensas y específicas. En ésta se pretende  una referencia más a la teoría que a la práctica cooperativa.

Son los valores los que alumbran los principios prácticos y la población de una mundo en grave crisis existencial, contempla que se ponen en dudas esos pilares sobre los que aún puede apoyarse una convivencia digna, que sea capaz de seguir alentando sus mejores esperanzas, sin exclusiones, con justicia social, democracia, libertad compartida y genuina búsqueda del bien común.

Es indispensable que la sociedad quiera volver la vista y advertir que ha sido la cooperación y no la lucha mutua lo que permitió llegar desde los muy difíciles inicios de la Humanidad, hasta nuestros días. El antropólogo Richard Leakey y Roger Lewin, en “El origen de la Humanidad”, sostienen que “a menos que se admita la unicidad de la especie humana, a menos que se establezca un verdadero espíritu de fraternidad, el mecanismo político, por perfecto que sea, rechinará y terminará por detenerse. El profundo impulso humano hacia la cooperación se presta para alcanzar ese fin”.                          

La ACI, en sus Notas de orientación, recomienda no olvidar nunca la siguiente cita de los Pioneros, inscripta en su Museo de Rochdale: “El ideal cooperativo es tan antiguo como la sociedad humana. Lo que es nuevo es la idea de conflicto y competencia como principio del progreso económico. El desarrollo de la idea de cooperación en el siglo XIX se entiende mejor si se ve como un intento de explicitar un principio inherente a la constitución de la sociedad, pero que ha sido olvidado en la confusión y la desintegración del veloz progreso económico”.

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La dirigencia cooperativa en todo el mundo reconocerá la importancia de la Alianza Cooperativa Internacional al haber logrado mantener la vigencia de la doctrina y recordarnos otra vez que “juntos, podemos cooperar para crear un mundo mejor, más justo y más inclusivo para las generaciones venideras”.

Pero ello no será posible sin reflexionar sobre el modo en que la profundización en la identidad cooperativa orientará, al decir de  Miguel Angel Angueira Miranda, hacia el método cooperativo como “recurso organizador y orientador de gran eficacia constructiva”, para lograr lo que él llamaba comprobar, al modo científico einsteniano, que “la energía constructiva de una comunidad en vía de integración correcta, es igual a la masa de la comunidad por el cuadrado de la velocidad de las relaciones intercooperativas libres”. 

No hay actividad humana que no se haya podido desarrollar cooperativamente con éxito en las más variadas regiones del mundo, aunque sin asumir la atención total  y  conjunta, de las necesidades existentes.   Pero no es improbable que un colapso pandémico o ambiental, demande al cooperativismo, tarde o temprano,  una respuesta integral, para la que deberá prepararse como lo exigiría una república cooperativa.

La Asamblea de Manchester de 1995 dijo: “Seguramente en el futuro las economías nacionales necesitarán más elementos de autoconfianza, democracia y participación a fin de posibilitar a la gente tener más control de su destino económico y social. Por lo tanto, las cooperativas serán cada vez más importantes para mayor cantidad de población”.

Explicitar más nuestra identidad

La Declaración de Identidad de 1995 enumera, en su primera oración, los valores en los que las cooperativas se basan, y en la segunda oración los valores que los asociados sostienen.

Resulta notorio que hay valores implícitos en los que las cooperativas se basan, que resulta imprescindible explicitar en este primer tercio del nuevo                                                                                                                               siglo. Así son los casos de la Libertad, la Paz y la Fraternidad.  Otro valor, como la Democracia, recobra su centralidad en este momento histórico tan particular.

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El valor de la Libertad es tan esencial que podemos decir que no se coopera más que en la libertad, como bien lo expresara Julio Olivera. También Charles Gide así lo afirma: “sería penoso suponer que seres razonables, viviendo en sociedad, no lleguen a resolver el problema social, que consiste en conciliar la justicia con libertad; y es imposible imaginar por qué otro método podrían llegar, si no es por el de las asociaciones libres, organizándose ellas mismas en vista de los resultados deseables, pues que proclaman y ponen en práctica, en su constitución interior el nuevo derecho social, y se multiplican por el contagio del ejemplo. Un régimen así, cualquiera sea el nombre que se le dé, no es otro más que el régimen cooperativo”. 

Las recientes “Notas de orientación” (ACI 2015) también lo ratifican como convicción y objetivo: “Transformar la sociedad en un bien común cooperativo”.                                                                                                                                                                                            

        La identidad puede verse conculcada, cuando la opción es ser libres o someterse a reglas dictatoriales cuyas distorsiones son graves al conducir a la pérdida de autonomía e independencia, que es lo que afecta de muerte más rápidamente a las personas jurídicas como son las cooperativas.

            El valor de la Libertad está implícito en la adhesión libre y voluntaria y sin discriminaciones, conocido y aplicado como el principio de la puerta abierta.

            Como valor, la Libertad es la que hace posible que la autoayuda sea posible y por lo tanto la envuelve, la potencia y la trasciende, lo que justifica plenamente que la ACI la explicite como tal.

            La Paz, como valor, ha sido propuesta en 1989 por el Congreso Argentino de las Cooperativas

            Las citas que lo fundamentan son categóricas y abundantes. Entre ellas la del Congreso de la ACI (Glasgow, 1913), a un año del inicio de  la atroz Primera Guerra Mundial:  “El Congreso afirma que la paz y la concordia entre los pueblos es un principio fundamental para el desarrollo de cooperación…Y que la posibilidad de conflictos internacionales desaparecerá en la medida que la vida económica y social de cada país se organice de acuerdo con los principios cooperativos”.

            En las “Notas de Orientación”,  emitidas  en 2015 por la ACI, se incluye entre los “asuntos que considerar en el futuro” el “promocionar la paz y la cohesión social en todo el planeta”. 

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            La Asamblea General de la ACi (Kigali, Ruanda 2019), considerando que desde su creación ha expresado su compromiso con la paz, emitió una Declaración sobre la paz positiva a través de las cooperativas.

            En plena pandemia, cuando la sociedad humana debería consensuar la forma de armonizar la mejor forma de superar los trágicos efectos del COVIT.19, la conflictividad de los países más poderosos se ha acentuado.

            Por lo tanto explicitar el valor de la Paz, incluyéndola entre los valores de su identidad, es el mejor mensaje que puede emitir la Alianza Cooperativa Internacional.

 Además, el valor debería traducirse como Principio, es decir regla  y pauta de conducta para la entidad y los asociados. Proponemos como nuevo el Principio el que se puede   denominar “Conducta pacífica”, la que por otra parte es un rasgo notorio y consagrado en el desempeño de las cooperativas y sirve de orientación  de sus asociados.

            La Fraternidad tiene expresiónen la misma definición de la cooperativa como entidad basada en el esfuerzo propio y la ayuda mutua, además de ser  reconocida como uno de los valores que pertenecen a la estructura de la persona humana, cuya condición de ser social hace brotar la fraternidad de la naturaleza idéntica de todos y cada uno de los habitantes de la tierra.

 La fraternidad encuentra en la cooperación una de sus expresiones más constructivas, una sinonimia que se concreta en los Principios de Adhesión libre, voluntaria y abierta, en lo individual, en el principio de la Integración cooperativa en lo institucional y en el de Preocupación por la Comunidad y desarrollo sostenible, que se proyecta además fraternalmente hacia las generaciones venideras.

            La bandera cooperativa de los siete colores,  que en mi opinión debería reponerse en la ACI, por su condición de tradicional emblema de la unidad en la diversidad, expresó siempre, sin palabras, la fraternidad universal.   La fundada  propuesta de Fourier y Gide, mantiene su significado, que no se pierde porque otros movimientos la adopten. Incluso la bandera del arco iris desplegando palomas de la paz, es alternativa conveniente.

Creo que la actual bandera morada, con la palabra COOP, expresa bien una marca, cuando la cooperación es un ideal que los siete colores y su unidad en la luz expresaron y expresan cabalmente la fraternidad.

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Conclusión

            Alain Touraine se preguntaba, hace ya tiempo, si los humanos podríamos seguir viviendo juntos y, para proseguir lográndolo, ha venido abogando por una democracia participativa.

Si lo proyectamos al terreno económico y social, las que mejor lo concretan son las cooperativas, por su identificación con los derechos humanos fundamentales y con la democracia.

            Las pandemias –que amenazan con reapariciones periódicas-, aíslan, se oponen a nuestra natural convivencia, y nos someten a cuarentenas que mezclan su validez sanitaria con autoritarismos adictivos y cuestionables.     

En 2012 el sociólogo Richard Sennett nos advertia que “las nuevas formas de capitalismo priorizan el trabajo a corto plaza y la fragmentación institucional. El efecto de este sistema económico ha sido que los trabajadores no pueden mantener relaciones sociales de apoyo recíproco. Y que “la desigualdad es cada vez más pronunciada, de modo que los miembros de estas sociedades tienen cada vez menos un destino común que compartir. El nuevo capitalismo permite al poder distanciarse de la autoridad, viviendo la élite en total ignorancia de sus responsabilidades con respecto a la gente común, especialmente en la épocas de crisis económicas”,

“La inseguridad económica hace que la vida social sea brutalmente simple: el nosotros-contra ellos combinado con el que-cada uno-se-arregle”, y  “los terribles simplificadores de la modernidad pueden reprimir y distorsionar nuestra capacidad para vivir juntos, pero no eliminan esa capacidad ni pueden hacerlo.

Como animales sociales, -prosigue Sennett- somos capaces de cooperar con mayor profundidad que lo imaginado por el orden social existente…”,  y elaborar “un compromiso político desde la base, fundamentado en la cooperación cotidiana en una comunidad”.                                               

           Vemos asi que la actual pandemia, simplemente ha desplegado y muestra un virus epidemiológico que confirma otro virus instalado en las sociedades contemporáneas, induciéndolas al falso “mal menor” de un individualismo a ultranza, prólogo de la riesgosa aceptación de las alternativas totalitarias.

           Martín Buber ya había visto, a mediados del siglo pasado, lo que llamaba “el peligro mayor: el de un centralismo planetario ilimitado, que devore a toda la comunidad libre”.

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La ACI reconoce que el modelo empresarial cooperativo ha sido objeto de imitación y competencia por parte de otros tipos de empresas”, por lo que profundizar la identidad es la vía para afirmar la autenticidad y responsabilidad de las cooperativas, sin perder competitividad en el mercado,  permitiéndoles mantener y aumentar su relevancia social.

            Nadie puede negar que el humano es un ser social y que el cooperativismo es la forma más y mejor experimentada de convivencia con los demás, para mejorar  la calidad de vida, la justicia y la libertad compartible.

            Con gran claridad William Watkins advertía sobre el error del conformismo con el pensamiento estático y escribía: “La fe en un ideal social y su realización han sido siempre el motor principal del pensamiento dinámico en el movimiento cooperativo”.

            Como destaca Paul Lambert el Principio de la Democracia es el fundamental de la cooperación.    En 1995 La Declaración de Identidad lo enuncia como “Control democrático por los socios”.

Por ello es que se debe profundizar en las formas de asegurar un concepto clave: Control.  Su eficaz funcionamiento lo debe trasparentar para mejor animar a los asociados a cumplir su obligación de participar.                                                                                                                                                                                                     

             Junto al control, se debe perfeccionar las reglas de la democracia en el seno de las organizaciones cooperativas, para facilitar y estimular la i nclusión de jóvenes y de mujeres, así como avanzar hacia una efectiva y adecuada participación del trabajador en los órganos de las cooperativas.

            Estas son formas prácticas de profundizar la Identidad de nuestras organizaciones y junto con el Principio de Preocupación por la comunidad, concretar lo que la ACI menciona en sus ya citada Notas de orientación: “continuar contribuyendo al progreso de la sociedad civil y a la renovación democrática”. Ello hace que no sea posible analizar el funcionamiento de las cooperativas sin distinguir si lo hacen en países con una democracia plenamente vigente.

            Finalmente, profundizar en la identidad cooperativa es una exigencia ineludible, que no se logrará sin una perseverante y metódica reflexión crítica sobre loa valores y principios que rigen el sistema cooperativo.

                                                   

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