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¡Cuidado! Comienzan las clases

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Felipe Rodolfo Arella
Felipe Rodolfo Arella
Lic. en Cooperativismo y Mutualismo (UMSA). Magíster en Animación Sociocultural (Universidad de Sevilla). Ex-Presidente del CGCyM. Periodista, docente e investigador especializado en Economía Social y Solidaria, Género y Desarrollo Local.

A partir del lunes 24 de febrero, comenzarán las clases en la mayoría de las jurisdicciones del país, mientras que en otras dos se iniciarán el día 26 y en las cinco restantes el miércoles 5 de marzo, luego del feriado de Carnaval.

Muchos docentes, tanto del nivel primario como del secundario, estarán pensando en qué tipo de alumnos encontrarán en las aulas y, no sólo en los educandos sino, también, en los padres de éstos.

Porque desde hace más de tres décadas al día de hoy, el tema de la violencia en los establecimientos educativos, tanto de gestión pública como privada, ha ido ocupando los comentarios cotidianos de diferentes grupos sociales, estén o no vinculados directamente a la actividad educativa.

Este problema no se presenta solamente en la Argentina, sino que está presente en numerosos otros países, y tampoco es una manifestación moderna de las sociedades contemporáneas, ya que se tienen noticias de hechos de violencia en el ámbito educativo desde tiempos lejanos, en los que predominó, hasta entrado el siglo XX, el castigo de los docentes hacia los alumnos porque  “la letra con sangre entra”.

“La letra con sangre entra” o “Escena de escuela” fue pintado por Francisco de Goya entre 1780 y 1785 y se conserva en el Museo de Zaragoza (España).

La obra representa una escena de escuela, en la que un maestro está en actitud de azotar con un latiguillo a un alumno que descubre las nalgas, y que adopta la postura para recibir el castigo. A la derecha, otros alumnos que ya han recibido la lección, recomponen sus ropas y en medio del llanto por el castigo recibido, mientras que en el fondo a la derecha de la escena, la sombra del cuadro envuelve a otros niños que se aplican a sus tareas. Fuente: Wikipedia.

Método didáctico o práctica perversa

No solamente estaban los castigos físicos, sino, también, los de carácter expositivo como colocarle a los alumnos desaplicados orejas de burro, ponerlos parados en un ángulo del aula mirando la pared a los que eran inquietos o someterlos a severas reprimendas verbales.

En las antiguas escuelas de Grecia y de Roma la educación de los niños estaba a cargo de maestros que eran esclavos porque esa profesión era despreciada por los ciudadanos, aunque su ejercicio resultaba necesario para la formación de los futuros hombres públicos. En la práctica educativa el maestro castigaba a sus alumnos con gran rigor; tanto es así que el ateniense Solón, en sus leyes, prescribía que el esclavo no pegue al alumno libre. Los dramaturgos Plauto y Terencio, en sus obras, dan cuenta no sólo de los castigos de los pedagogos a sus alumnos, sino de las revanchas que éstos se tomaban sobre sus maestros castigadores. En la larga Edad Media también se continuaba con los castigos aplicados por los maestros a sus alumnos como los ataques de éstos contra aquellos como nos cuenta Matteo Maria Boiardo en su “Orlando enamorado”, del castigo que Agricane propina a su maestro rompiéndole la cabeza cuando era niño y como, a consecuencia de ello, no pudo encontrar otro maestro que estuviera dispuesto a enseñarle.

A pesar del tiempo transcurrido, Fernanda Ibáñez, del Instituto para el Futuro de la Educación, Tecnológico de Monterrey, en un artículo del 26 de enero de 2021, señala que “Los castigos corporales siguen siendo legales en escuelas públicas de diecinueve estados en Estados Unidos. Y en Latinoamérica y el Caribe 1 de cada 2 niños sufre de castigo físico.”

En nuestro país y en este tiempo

Son frecuentes los casos de violencia contra los docentes en las escuelas primarias y en los colegios secundarios ejecutados por los alumnos como por sus familiares.

Una muestra de ello aparece reflejada en las noticias de los diarios, como la aparecida en Infobae el 10 de octubre de 2024 donde se titula “Feroz golpiza de un grupo de madres contra una docente a la salida de una escuela en Marcos Paz” y continúa: “Una maestra de la Escuela N° 17 fue brutalmente agredida por varias mujeres, que la acusaban de maltratar a sus hijos. Los sindicatos docentes del distrito definieron un paro de 24 horas en repudio al hecho.”

A pesar de que una funcionaria de la provincia de Buenos Aires minimiza la reiteración de esos hechos, los casos son frecuentes, según sus dichos en una entrevista que le hiciera Página 12 el 19 de febrero de 2025:

Días atrás, la Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE) y el Frente de Unidad Docente (FUDB) firmaron un acuerdo paritario sobre prevención, resguardo y reparación por hechos de violencia sobre los docentes de la provincia. Ahora bien, según afirman desde la cartera educativa bonaerense, la escuela no es un ámbito donde haya constantes agresiones a los maestros, y explican que las instituciones educativas son “una caja de resonancia de lo que sucede en la sociedad”. Entonces, ¿por qué es necesaria la medida consensuada con los sindicatos respecto al cuidado de los docentes?

Las denuncias alrededor de los hechos de violencia que son comunicados por las escuelas a la DGCyE son catalogadas como “situaciones de conflicto”. Eliana Vásquez, directora provincial de Psicología Comunitaria y Pedagogía Social, recibe cada una de ellas. “Una sola situación es una catástrofe para nosotros por lo que puede incidir en la comunidad educativa alrededor de una escuela”, aclara.

Desde el Observatorio de Políticas de Convivencia que tiene bajo su órbita, informan que durante el ciclo lectivo 2022 hubo un total de 101.756 situaciones de conflicto. Pero de ese total, sólo 1.840 fueron acciones violentas de familiares contra docentes o auxiliares. En un universo de 10.345 instituciones escolares, Vásquez indica que el número de casos equivale a sólo 1,8 cada 10 instituciones. Agrega que las situaciones de conflicto vinculadas a la violencia de alumnos hacia docentes o auxiliares fueron 1.430, es decir, 1,4 cada 10 instituciones aproximadamente.

A pesar de las apreciaciones de esa funcionaria, numerosas instituciones están preocupadas por el tema de la violencia en las instituciones educativas de todo tipo y gestión. Vale tomar nota de algunos de los estudios y recomendaciones que hay sobre el tema, como, por ejemplo, las siguientes:

Consejo Federal de Educación – Resolución CFE Nº 217/14 – ANEXO

GUÍA FEDERAL DE ORIENTACIONES PARA LA INTERVENCIÓN

EDUCATIVA EN SITUACIONES COMPLEJAS RELACIONADAS

CON LA VIDA ESCOLAR

“Recuperar el saber hacer de las escuelas en relación con la convivencia y el cuidado comunitario”

También puede tenerse en cuenta las disposiciones de la ley 14.898 de la provincia de Buenos Aires en cuyo artículo 1° establece:

Incorpórase como artículo 74 bis al Decreto-Ley N° 8031/73 y modificatorias -Código de Faltas-, el siguiente:

“Artículo 74 bis. Será sancionada con arresto de cinco (5) a treinta (30) días o multa de entre el cincuenta (50%) y el cien (100%) por ciento del haber mensual del Oficial Subayudante del Agrupamiento Comando de la Policía de la Provincia de Buenos Aires –o el que en el futuro reemplace-, la persona que, invocando un vínculo con un alumno, dentro del establecimiento educativo de gestión pública o privada al que éste concurre, o en las inmediaciones del mismo, realice cualquiera de las siguientes acciones:

a) Hostigue, maltratare, menosprecie o perturbe emocional e intelectualmente a un trabajador de la educación, sea docente o no.

b) Insulte a un trabajador de la educación, sea docente o no, o provoque escándalo.

c) Ejerza actos de violencia física contra un trabajador de la educación, sea docente o no.

d) Arroje contra un trabajador de la educación, sea docente o no, o contra un bien de utilidad educativa, elementos de cualquier naturaleza.

e) Ingrese sin autorización a un establecimiento educativo y no se retire a requerimiento del personal docente o no docente.

f) Perturbe de cualquier manera el ejercicio de la función educativa.

La sanción se duplicará si las acciones descriptas en el presente se cometan frente a alumnos”.

Veremos qué es lo que ocurre en el ámbito educativo este año, y que no sea necesario que los docentes ni los alumnos lleven botones antipánico. Y tengamos en cuenta que “no todo tiempo pasado fue mejor”.

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