| Cerramos un 2025 vertiginoso, que no dio lugar para el aburrimiento; continuaron y se acentuaron las tensiones políticas, tanto en la oposición, como en las filas de la coalición gobernante. A pesar de todo, el 2025 se consolidó como un año de recuperación económica, caracterizado por el crecimiento del PIB, la desaceleración inflacionaria y el equilibrio fiscal. La pobreza se situó en 31,6% durante el primer semestre de 2025, logró descender al 27,5% hacia el tercer trimestre, marcando su nivel más bajo en siete años. Por su parte, la indigencia se situó en un 6,9% en octubre, mes en el que una familia promedio requirió $1.276.649 para superar el umbral de pobreza y $572.488 para no caer en la indigencia. Según el último informe del BCRA, el endeudamiento familiar ha alcanzado niveles muy altos: el 91% de los hogares posee deudas, muchas en mora, usando estos créditos para cubrir gastos corrientes ante la falta de ingresos. Respecto a los créditos al consumo, se incrementó el uso de tarjetas de crédito, con un 45% de compras en supermercados pagadas con ellas vs. 35% en 2019, reflejando una mayor dependencia para gastos básicos. Al menos el 32% de la población tiene deudas con bancos; a principios de 2025 se registró el nivel de morosidad más alto de los últimos tres años, especialmente en créditos personales y tarjetas de crédito; un 48% adicional de las deudas ya se encuentra en mora simple (retraso de unos 30 días). La regularización de estas deudas será lenta. La presión de las altas tasas de interés, sumada al encarecimiento del costo de vida y a salarios que no logran recuperarse, provoca una caída real del poder de compra que retroalimenta el endeudamiento familiar. Para el año 2026, las proyecciones indican una consolidación del crecimiento y la continuidad en la baja de la inflación. Sin embargo, será un año cargado de vencimientos de deuda, con unos US$16.500 millones comprometidos entre bonistas privados y el FMI. Esta carga financiera condicionará el margen de maniobra para el gasto público. Un año que comenzamos con presupuesto oficial aprobado, donde se estima un crecimiento del PBI del 5%; si bien otros organismos internacionales y consultoras proyectan que estará entre el 3% y el 4%. La meta de inflación es del 10,1%. Sin embargo, se estima que estarán entre el 16% y el 20%. Respecto al tipo de cambio, estimaciones privadas prevén que podría rondar entre $1.840 y $1950, dependiendo del ritmo de los precios. Si se cumplen las estimaciones del gobierno, el 2026 será un buen año. Sin embargo, el país tiene por delante el compromiso de trabajar sobre la deuda social, donde se presentan desafíos estructurales significativos. El Observatorio de la Deuda Social de la UCA destaca brechas que persisten pese a la mejora en los ingresos. La inseguridad alimentaria afecta al 18,7% de los hogares y golpea a uno de cada cuatro hogares con niños y adolescentes. Si bien el presupuesto mantiene el enfoque en el equilibrio fiscal, contempla refuerzos en programas como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar, herramientas que han sido claves para reducir la inseguridad alimentaria extrema. En resumen, el gobierno argentino proyecta un 2026 con buenas perspectivas. Analistas y metas oficiales prevén un crecimiento impulsado por el orden fiscal y el saneamiento macroeconómico, lo que podría atraer inversiones y normalizar la economía. No obstante, el desafío será convertir la estabilidad macro en bienestar cotidiano, gestionar más eficientemente la resistencia política y social, con mayor diálogo y alianzas, escuchando a todos los sectores para así poder avanzar con las reformas estructurales, con el campo y sectores energéticos como posibles motores de crecimiento. Los peregrinos en el Camino a Santiago de Compostela nos caracterizamos por una frase que nos alienta a seguir adelante, dado que el camino más fácil no siempre es el correcto. “Buen Camino 2026“. |












