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El proceso educativo penetra y condiciona a toda la sociedad

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Felipe Rodolfo Arella
Felipe Rodolfo Arella
Lic. en Cooperativismo y Mutualismo (UMSA). Magíster en Animación Sociocultural (Universidad de Sevilla). Ex-Presidente del CGCyM. Periodista, docente e investigador especializado en Economía Social y Solidaria, Género y Desarrollo Local.

Temas transversales y soslayados

El año pasado, por esta fecha, este medio publicó una nota mía en la que  trataba sobre la violencia que ejercen los padres sobre los docentes que amonestan a sus hijos. Hoy, también antes de que comience el nuevo ciclo lectivo, quiero abordar otro asunto de suma importancia: el nivel de conocimientos con que egresan los alumnos de primaria.

En un trabajo elaborado por María Sol Alzú, Martin Nistal y Victor Volman, miembros de la organización Argentinos por la Educación[1] se señala que solamente el 10 por ciento (10%) de los alumnos que comenzaron el primer grado en 2013, llegaron al final de la secundaria “en tiempo y forma en 2024”, mientras que en el 2022 lo había hecho el 13 por ciento (13%), lo que pone en evidencia un deterioro en el aprendizaje.

La educación de nivel secundario es obligatoria a partir de los 4 años y durante toda la primaria y secundaria, según lo establece la ley de Educación Nacional N° 26.206 sancionada en 2006 y modificada por la ley 27.045, sancionada en 2014.

Los autores citados señalan que: El Índice de Resultados Escolares (IRE) permite estimar cuántos estudiantes, de cada 100 que ingresaron a primer grado en una cohorte determinada, logran finalizar la secundaria en el tiempo teórico esperado (sin repetir ni abandonar) y habiendo alcanzado niveles al menos satisfactorios de desempeño tanto en Lengua como en Matemática (Nistal, Orlicki, Sáenz Guillén & Volman, 2024). Este índice sintetiza de manera integrada la dimensión de los aprendizajes y la del rezago escolar, permitiendo una mirada completa sobre la trayectoria educativa. Como fuente se utilizan las pruebas estandarizadas Aprender, que se aplican a nivel censal de forma bianual para cada nivel educativo, y el Relevamiento Anual de Matrícula y Cargos, que se publica de forma anual con información censal de todas las escuelas del país.

Las principales dificultades de los alumnos están en el aprendizaje de lengua y matemática, problema detectado desde hace años. Por ello, en mayo de 2024, en el marco del Consejo Federal de Educación, las 24 jurisdicciones del país firmaron el Compromiso Federal por la Alfabetización con el objetivo de trabajar conjuntamente y de manera articulada y sostenida para revertir esa realidad y que todos los chicos puedan aprender a leer y escribir y, así, contar su propia historia. Ese acuerdo, enfocado en mejorar los niveles de aprendizaje en Lengua dio como resultado una mejora de 2 puntos en la evaluación realizada a fines de diciembre de 2025, pero se registró un deterioro en lo que hace a Matemática. Por esa razón, en su última asamblea de 2025 el Consejo Federal de Educación  aprobó un esquema de trabajo en el que se pone, como prioridad de la agenda educativa en 2026 la mejora de los aprendizajes de Matemática, similar al que se ejecutara para fortalecer el área de Lengua.

Este problema educativo debe ser resuelta de manera urgente y drástica porque no es posible que los jóvenes egresen del secundario sin alcanzar niveles medios de capacitación y desarrollo intelectual que les permita actuar con éxito en áreas laborales cambiantes y competitivas y en la aplicación de nuevas tecnologías.

Las familias, además de las autoridades del área de Educación, deberían preocuparse por el futuro de los jóvenes porque las sociedades y las empresas ya no son como las que conocieron los adultos de más de 50 años. Los aportes de la investigación en distintas sectores de la naturaleza y de la vida humana producen cambios sorprendentes, cambios que muchas veces no tenemos tiempo de asimilar y menos de utilizar porque son reemplazados por otros nuevos aportes. Basta tan sólo un ejemplo: el celular, que ya no es el teléfono sin cable como el desarrollado por Motorola en 1973, hoy se ha convertido en  una computadora, cámara de fotos, operador bancario, biblioteca, reloj con despertador, agenda, y varias otras funciones que no llegamos a usar, y todo en un aparato de dimensiones mucho menores que las de su predecesor.

Un país no puede crecer y tener protagonismo cuando las nuevas generaciones van perdiendo calidad educativa. Al respecto, cabe recordar un trabajo de Roberto Cortés Conde[2] en el que señala que Hay autores que sostienen que la educación influye en la productividad del trabajo, lo que resulta en un crecimiento mayor al que genera el agregado de ese factor. En ese caso el problema reside en medir en qué forma la educación gravita en la productividad (Psacharopoulos 1993[3]). Hay otros que entienden que sus efectos pueden ser más generales, que la educación mejora el capital humano haciendo que una población sea más apta para adquirir tecnología e incorporar mejores métodos de organización de la producción, etc. Aparte de sus rendimientos privados, lo que redunda en ingresos más altos para el que invierte en ella, se sostiene que son importantes y aún mayores sus rendimientos sociales.

En la Argentina todo estudio que se remonte a los efectos de la educación en las primeras etapas del crecimiento económico del país – 1880-1930 – y que trate de conocer el efecto de la educación sobre el aumento de la productividad del trabajo y por consiguiente en el crecimiento en una perspectiva de largo plazo, tendría que determinar si en los sectores donde se produjo el crecimiento: el agro, la industria y las construcciones, fue necesario contar con personal alfabeto.

Es de esperar que la futura evaluación que los investigadores de Argentinos por la Educación efectúen sobre el aprendizaje de Matemática arroje un resultado positivo. Estaríamos recorriendo un camino un poco más esperanzador.

¿Accidente, impericia o negligencia?

Otro aspecto a tener en cuenta del ciclo lectivo del año pasado es que el mismo concluyó con noticias preocupante: alumnos de colegios de nivel secundario fueron víctimas de respectivos experimentos de química consistentes en una práctica que simulaba el comportamiento de los volcanes. Los alumnos encargados de realizar la prueba sufrieron quemaduras al explotar la maqueta que habían preparado siguiendo las indicaciones de sus respectivos profesores.

El diario INFOBAE, el 25 de octubre pasado, dio a conocer que uno de los estudiantes cuyo estado de salud fue calificado como reservado, que sigue alojado en el Hospital Gutiérrez, bajo tratamiento y recibiendo las curaciones pertinentes para sus lesiones. A pesar de que el pronóstico no ha variado, se indicó que evoluciona favorablemente; especialistas señalaron que “tiene las vías aéreas superiores involucradas” y permanece con “asistencia respiratoria”.

Otros tres estudiantes estuvieron presentes junto al experimento: dos menores de 13 años y una alumna mayor de 18. Dos de ellos requirieron internación hospitalaria, además del principal afectado. Al menos uno ya recibió el alta médica tras permanecer en la terapia intermedia del hospital del quemado, con el 20% de su superficie corporal afectada, incluidos el tronco, el rostro y la espalda. Otro estudiante de 14 años fue trasladado al Hospital de Quemados. Este presentaba ampollas (indicando quemaduras intermedias) en brazo derecho, muñeca izquierda, tórax y cara, además de estar afectado en sus vías respiratorias.

En octubre de 2025, una feria de ciencias en un instituto comercial de Pergamino, terminó en tragedia cuando un experimento de “volcán artificial” explotó, dejando al menos 10 estudiantes heridos y una alumna de 10 años en estado crítico, trasladada al Hospital Garrahan por quemaduras graves en el rostro y ojo. La explosión ocurrió al mezclar ingredientes como azufre y carbón, generando un incidente que llevó a investigaciones sobre negligencia y la importancia de la supervisión profesional en experimentos escolares.

El fuero Contencioso Administrativo de Bariloche condenó al Estado de Río Negro y a una docente por las graves quemaduras que sufrió una alumna de 12 años durante un experimento de ciencias naturales en la Escuela 298. El hecho ocurrió cuando la menor participaba de una práctica en el aula y una llamarada de alcohol le provocó lesiones en el rostro, cuero cabelludo y oreja.

Los profesores de materias como Química, Física, Anatomía, Zoología, Botánica, deben realizar algunos experimentos de laboratorio para interesar a sus alumnos en el estudio. Pero deben ser ellos quienes efectúen las correspondientes prácticas, no los alumnos, que deben estar razonablemente alejados de la zona de trabajo. Otra área con posibles accidentes es la de prácticas deportivas que deben estar bien reglamentadas y supervisadas por los docentes a cargo.

Los accidentes pueden prevenirse, pero la impericia e irresponsabilidad de una persona solamente pueden constatarse cuando ocurrió el desastre porque estas condiciones del actuante están ocultas en la conciencia de cada persona.

Si la formación como docente es laxa, si nunca se le hizo practicar un experimento durante sus años de estudio, seguramente el resultado será fatal, para él o para terceros.

Sería conveniente que los padres de los alumnos autoricen a sus hijos a participar de las experiencias de laboratorio previo conocimiento de la idoneidad del docente a cargo y solicitando, además, que su hijo sea solamente observador y no manipulador de instrumentos y productos necesario en la experimentación.


[1] Alzú, M.S, Nistal, M. y Volman, V. (2025). Índice de Resultados Escolares: ¿Cuántos estudiantes llegan al final de la secundaria en tiempo y forma? Argentinos por la Educación.

[2] Cortés Conde, Roberto: Evolución histórica de algunas tendencias de la educación en la Argentina; Universidad de San Andrés; sin fecha; pág.4.

[3]  Psacharopoulos, George: Retorno a la inversión en educación: una actualización global.

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